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La Obra

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Imagen de Néstor AlamoCorren los últimos meses del año 1958. En Las Palmas se estrenan películas míticas de la historia del cine como “El puente sobre el rio Kway”. Alfredo Kraus regresa a la Isla para descansar unos días junto a su familia después de una memorable actuación en La Fenice de Venecia. Dulce María Loynaz, la poetisa cubana, imparte una conferencia en la Casa de Colón a propósito de su libro sobre Canarias. La Unión Deportiva Las Palmas, entrenada por Albéniz, no termina de cuajar una buena temporada. El pintor Julio Viera presenta sus hapenings pictóricos ante la indiferencia de la asorrococlada parroquia insular. El recién elegido Papa Juan XXIII realiza una gira por Italia en olor de multitudes. En la URRS Jrushchov asume las riendas del Estado tras ser nombrado Primer Ministro por el Partido, del que ya era Secretario General. En Cuba, el gobierno del dictador Batista sufre nuevos y severos reveses militares mientras los rebeldes de Castro se acercan a la capital.

Este el ambiente histórico en el que se desenvuelve la segunda parte de “Querido Néstor”. El musical comienza en los muelles de La Habana; allí tres músicos cubanos, ligados a la insurgencia castrista y perseguidos por la policía batistiana, -subrepticiamente y en el último momento- son incluidos por camaradas suyos infiltrados en el gobierno batistianoen una embajada oficial cubana que parte hacia las Islas Canarias para cumplimentar la inauguración de la Casa de Colón de Las Palmas.

Foto QNILos tres músicos cubanos –guasones y mujeriegos, alejados del arquetipo de revolucionarios oficiales- tienen el encargo de contactar con un importante líder de la resistencia a la dictadura franquista en las Islas en cuanto lleguen al Muelle de la Luz. Pero una confusión les hace pensar que su contacto es Pepe Cañadulce, vestido casualmente de forma muy parecida a aquel. Cañadulce se encuentra ese día al pie del barco que trae a los cubanos hasta la Isla para recoger a unos chonis y llevarlos de excursión por la ciudad en una tartana que le ha prestado el marido de su hermana. La embajada cubana, que es recibida a pie de escala por las primeras autoridades de la provincia en una ceremonia retransmitida en directo por Déniz -un popular locutor radiofónico insular- está liderada por el Capitán Varela y Ferrer, un variopinto militar que se considera asimismo como el mejor poeta en el mundo en improvisaciones versificadas sobre flatulencias estomacales. Entre los miembros de la representación cubana se encuentran también un dúo de exóticas cantantes, las Hermanastras Fáez, que causarán furor entre el público masculino de la Isla.

A partir de aquí la trama se extiende a lugares emblemáticos de la ciudad como el Parque de Santa Catalina, la Casa de Colón, el barrio de Vegueta, la Avenida de las Canteras, el desaparecido Teatro-Cine Hermanos Millares o el Tánger Club.

A través de canciones de Néstor Alamo y de contemporáneos suyos como Pancho Guerra, Viera Plata o los Huaracheros, acompañados también por canciones caribeñas que trae la embajada cultural cubana y sonidos radiofónicos de la época, se suceden las coreografías y los diálogos hilarantes que buscan la complicidad con la memoria histórica del público. Personajes emblemáticos de la ciudad como el mismo Cañadulce, Néstor Alamo, Lolita Plumas, Orlando Hernández, la vedete local Mery Malde o Gregorito el Guardia, se entremezclan con el jefe Provincial del Movimiento, con el moralista don Adán, lectoral de la Catedral, con la plantilla de jugadores de la UD Las Palmas, el heladero de los Alicantinos y con los habitantes de una ciudad que se despierta de las dificultades de la posguerra.

En resumen, una comedia musical escrita en clave de humor felliniano a esta orilla del Atlántico para celebrar por todo lo alto el centenario del nacimiento de Néstor Alamo.


© Puente Palo, S.L. 2006