La Palma, serena mansión

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Así empieza una de esas canciones palmeras, escritas en el magma de talento local sensibilidad romántica que alimentó la burguesía de esa isla al socaire de la riqueza del plátano y el tabaco. La Palma, y especialmente Santa Cruz, siguen haciendo un guiño a su pasado colonial en cada esquina de sus calles.

Fuimos a tocar allí hace un par de semanas, coincidiendo con la festividad de las cruces, que aun se celebra en algunos barrios de la capital en esos círculos familiares y de tribu que tanto ligan a los palmeros entre sí.

El primer concierto lo ofrecimos en San Andrés y Sauces, en un pequeño auditorio con el que ya habíamos estado con El Cabaret del Capitán Varela gracias al empeño de la alcaldesa y los responsables de cultura del municipio palmero. El Varela tuvo tremendo éxito entre un público que no cabía en el patio de butacas. Olga no se quiso quedar atrás: como alongándose al azul del mar -un fondo de escenario que siempre está presente en el Norte palmero-, templó canciones en el borde del precipicio y repitió el éxito de nuestra anterior producción. El respetable dejó caer más de una lágrima y los amagos de fado que escribimos para su voz flotaban en el aire como si estuvieran en casa. La Palma es portuguesa en los colores y cubana en los sabores.

Al día siguiente, al peso del mediodía, visitamos el coqueto estudio que Luis Morera, "el último mohicano", el pintor, esteta, cantante y compositor tiene en la Placeta de Santa Cruz. Luis andaba enredado haciendo una cruz en una de las calles empedradas que hacen subida desde la plaza donde bailan los enanos, pero buscó un hueco para enseñarnos algunas de sus pinturas, entre ellas la de la serie de "los indianos", que tienen un éxito tremendo entre los alemanes que visitan su trinchera.

La noche caía y nos metimos en el teatro-Circo Marte a cumplir con el compromiso de cantar en uno de los teatros más señeros de las islas, afortunadamente recuperado para la memoria de la ciudad y la Isla. Una reforma muy cumplida y un personal amable y considerado nos acompañaron durante toda la noche. La bóveda del teatro, de blanco vaticano, aguarda la tentación que el mismo Luis hizo al ayuntamiento de Santa Cruz: pintarla con los colores de la tierra.

Había partido de futbol en la tele -un Madrid-Barcelona-, pero la asistencia no fue poca. El público era mayoritariamente femenino, así que poco hay que decir de cómo penetraron las canciones en el alma de nuestras espectadoras. Tres bises y la noche y la luna esperándonos en la puerta del Teatro para visitar a las cruces y a sus adoradores.


Olga y Luis Morera durante su actuación en Madrid en 1998. Teastro Nuevo Apolo. Espectáculo "La Noche de Canarias"Mestisay.Negativos.Diversos0108.jpg

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