Disculpas a los que me hayan venido a leer en este blog y no se hayan encontrado con ninguna novedad. Febrero y Marzo se ha presentado con algunas complicaciones, personales y profesionales, y no he tenido ni tiempo ni espíritu para ponerme a escribir algo. Hemos hecho una actuación a la semana en el último mes y, como todo lo que solemos hacer, proviene de una artesanía de gestión que requiere que cada uno de nosotros esté en sus cosas y en las de otros.
Los conciertos tuvieron, cada uno de ellos, su encanto. En San Sebastián de La Gomera, el Auditorio "Infanta Cristina", donde nunca habíamos tocado, el público fue notable en número para lo que se suele ver en la Isla. Ayudó Sito Simancas, un personaje fantástico, dueño y locutor/animador/presentador de Radio Tagoror, una emisora independiente que conecta con la colonia canaria de Venezuela cada día por las ondas.
Sito es de una generosidad apabullante; cae bien a todo el mundo; no tienen enemigos y eso es raro trabajando en una radio. Ahora anda preocupado, porque llega la hora de las licencias para radiar que concede el Gobierno de Canarias. En medio, intereses de partidos y de medios de fuera de la Isla que se comportan como las multinacionales en un lugar tan pequeño. Pero él tiene algo que lo hace ser auténtico: su pasión por la radio. Y ser el más escuchado en La Gomera.
El concierto en La Gomera terminó como siempre, con la gente de pie y Olga recibiendo parabienes. Se estrenaba nuestro amigo Carlos Oramas con su guitarra romántica. Y Pancho, que ha hecho una heroicidad en estos meses, tocando la guitarra portuguesa. Nosotros estuvimos correctos en el acompañamiento, pero con falta de carretera, aunque creo que el público no nota eso.
A la semana siguiente, en el Teatro Leal lagunero, acompañamos a Olga con más detalle, con más delicadeza. Disfrutamos de la actuación y conseguimos un sonido instrumental más envolvente, más cálido. Creo que ayudó el hecho de que prescindimos de monitoraje por cascos. Este tipo de música necesita del eco de los espacios donde se toca para producir calor cuando se toca un instrumento acústico. Del sistema de cascos aisla al músico y le quita sensibilidad par atocar con los otros. El público de La Laguna se fue fascinado, creo.
El teatro estaba lleno hasta la bandera. Nos tienen un respeto tremendo allí, de siempre. No ocurre igual con los gestores de los grandes espacios públicos de Tenerife, especialmente los de Santa Cruz, donde no hemos podido llevar nunca una producción nuestra. Entre el público -después nos vinieron a saludar a camerinos- estaban Elfidio Alonso -el fundador de Los Sabandeños- y su mujer Magda. También Olga Ramos, la cantante tinerfeña de honda estirpe folclórica, junto a su hija Beatriz, tan artista y buena persona como su madre. Y Eloísa González y Ramón Rodríguez, hacedores del programa de más audiencia de la TV canaria, "En clave de Já". Eloísa siempre trae la alegría entre sus brazos; no se puede ser más bella, por dentro y por fuera.
En La Laguna ya se notó la presencia de Carlos Oramas, que habita en la guitarra con una naturalidad envidiable: su virtuosismo no se nota con el estruendo de quien lo sabe todo, sino con la tranquilidad y parsimonia de quien posee los secretos de un instrumento. Carlos no viene del bolero y eso, en este caso y para la producción de "Romántico", creo que es bueno, porque aporta otra sonoridad y otra forma de entender las armonías de las canciones al resultado final de lo que se oye.
Barcelona fue nuestra siguiente parada. En la capital catalana disfrutamos muchísimo de la actuación. Fue en la Luz de Gas, donde habíamos estado hace seis años. Una sala privada estupenda, la que quisiera tener uno en propiedad para programar las músicas y los artistas que a uno le gustan. En rigor no había más de cien personas, pero fue una delicia de concierto. Había ya conexión entre los que tocábamos: Pancho estuvo espléndido con la portuguesa, y Marco Valero en el bajo muy ajustado al acento rítmico sobrio que nos piden las canciones. Olga en la misma tesitura de siempre: arrasando en directo. Nos vinieron a ver algunos amigos catalanes; entre ellos, Josep Carles Rius, directivo de La Vanguardia. Son esos conciertos que empiezan y termina en un instante. Y el cuerpo te pide más, drogado por la emoción del concierto en vivo.
<em>fotografía anónima de Pedro Carrasco (años 60?). Con ella comenzamos las proyecciones de "Romántico".Pertenecen , al parecer, a los antiguos fondos de un estudio fotográfico de Las Ramblas barcelonesas.






