
El pasado 29 de Noviembre estrenábamos en Las Palmas de Gran Canaria, nuestra ciudad, el espectáculo "Romántico", y presentábamos las canciones del nuevo disco. La sala sinfónica del Auditorio "Alfredo Kraus" ha acogido algunas de nuestras presentaciones en Canarias. Es un edificio, el proyectado por Oscar Tusquet, que ha ido adquiriendo una consistencia cada vez más sólida en el tejido urbano de esa parte de la ciudad.
Hace menos de veinte años esa esquina de mar que cierra el mapa de calles de Las Palmas por el Norte era un lugar solo apto para la chiquillería del barrio de Guanarteme, acostumbrada a los callaos y la marea destemplada. El viejo olor de las factorías de pescado reinaba sobre el lugar hasta que se levantó el Auditorio, por lo que los recuerdos de infancia de la gente de nuestra generación van casi siempre acompañados de aquella presencia, que nos provocaba cuando tocaba ir de excursión al Norte de la Isla para terminar almorzando en Agaete.
El encastillado Auditorio es, así, un continuo refugio de presencias artísticas locales e internacionales en estos últimos once años. Allí, siempre que hemos tenido algo que celebrar cuando estamos en la Isla, se nos acoge con respeto. En esta ocasión, la presencia de la Cope local era imprescindible, puesto que fueron ellos los que nos animaron hace un año a montar "Romántico", la idea que daría pie después al "Pequeño fado y otras canciones de amor". Fueron ellos los que nos contrataron y los que produjeron el espectáculo, tirando de espónsores locales. Ahí cabe un bingo, alguien que pone tubos de escape y unas cuantas empresas locales más que hablan de una vida real, ajena a los dispendios institucionales públicos donde a casi nadie le duele el dinero ni la rentabilidad social y económica de lo que se programa.
Las entradas se agotaron y había cierta expectación por ver cómo casábamos el bolero con el fado. Aquí, en casa, no es lo mismo que fuera: aunque termines tocando en París, siempre te importa el aplauso de tus paisanos. En el patio de butacas te encuentras con tu gente, con tu familia y amigos, pero sobre todo, con muchas personas, a las que no conocemos y con la que no tenemos otro vínculo que la música que hacemos, que llevan años asistiendo a nuestros conciertos y espectáculos. Con una fidelidad y fe -hay que decirlo- que nos emociona a propósito del dicho de que nadie es profeta en su tierra.
La verdadera protagonista de la noche fue Olga. Yo había vivido el nacimiento de este espectáculo desde fuera, cuando nos tocó hacer la gira peninsular en otoño del año pasado. Disfruté ideando el desarrollo escénico del concierto y buscando las imágenes que despues se proyectaban aconpañando a las canciones. Fueron ás de una veintena de actuaciones en las que Olga nos robaba el corazón a todos en cada una de las ciudades donde desembarcamos. A mí, también; después de tantos años de andar juntos cantando, verla desde fuera fue disfrutar de toda su dimensión como artista, como cantante "atlántica". Pero, lógicamente, mi visión está influenciada por tantos años de comunión juntos.
En Las Palmas, acompañando yo a la guitarra a Pancho Delgado -un prodigio de ser humano y de conocimientos bolerísticos-, a Marco Valero -que se curó la gripe de la indolencia de algunos músicos insulares viajando y estudiando fuera- y a Luis Guerreiro, un guitarrista portugués que robó aplausos por su virtuosismo, mi experiencia fue distinta. Dentro, en una sala de más de 1.500 personas, la percepción de lo que ocurre está tamizada por muchas distancias, sonoras y luminotécnicas.
Lo cierto es que crítica y público fueron muy generosos y Olga, para hacerme el gusto y después de escupirnos a la cara del dolor todos los boleros que le caben en la garganta, terminó cantando -en español y portugués- un fado de Manuel de Almeida que siempre soñé que habían sido escrito para ella.
Yo la volví a ver de espaldas, como en los veinte años que ya andamos juntos. No es lo mismo; así sólo me llega el eco de lo que devuelve el público, que se guarda lo que ella les da. Fue la noche de Olga con la gente de su ciudad. No podía ser de otra forma. Lo saben quienes estuvieron allí.
Foto de Miriam Cejas. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria. 29 de Noviembre de 2008.







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