Archivos Diciembre 2008

25 de Diciembre 2008

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Entre los canarios no puede faltar el timplista majorero Domingo Rodríguez "El colorado", íntimo amigo y admirador del benjamín de los Millares Sall, que interpretará varios temas con el Maestro entresacados de su propio repertorio y del repertorio del homenajedo. Domingo tiene especial complicidad con Totoyo por su forma de tocar, por sus rasgeos.

Los guitarristas Antonio Ventura y Javier Infante -este último con una participación singular con el sat o guitarra turca -también aportarán su colaboración. Además, algunos de los temas de autoria millariana o adoptados por Totoyo contarán con algunos acompañamientos de cuerda interpretado por un cuarteto isleño de violines, viola y cello. Todos ellos aportaran nuevas lecturas a algunas de las páginas del repertorio histórico de Millares sin desvirtuar su esencia.

Entre algunos de los colectivos participantes destaca la presencia de casi una veintena de tambores, chácaras y pitos herreños que se trasladarán para la ocasión a Gran Canaria con el motivo de acompañar a Totoyo en su gran noche; y es que el timplista grancanario fue el primero que grabó en los años 70 adaptaciones del Baile de la Virgen para su instrumento. Félix Ayala, tambor y gestor de proyectos culturales en su isla, propició que vinieran los pitos y tambores. Sin él hubiera sido más complicado a propósito de las fechas de Navidad.

En la Gomera, por esas mismas circunstancias imagino, fue complicado buscar a tambores y chácaras. Al final, después de muchos intentos, vienen gentes de Valle Gran Rey, capitaneados por un gomero/venezolano, Antonio José Chinea, que ha sido cómplice e impulsor de que otros gomeros estuvieran presentes. Me preocupé mucho de la presencia de músicos tradicionales de esas dos islas porque aportan un último vestigio de sonoridad tradicional de la música del Archipiélago. Casi todos ellos practican una dimensión prácticamente muerta; su música vive aún con un acento antropológico propio.

El sonido de la parranda estará también presente en algunos estribillos de Isa a través de la parranda Araguaney, con la que hemos trabajado el alguna otra ocasión gracias a Manuel Estupiñán, que colabora con intensidad en sus proyectos y en algunos de los nuestros.

Los Campesinos de Lanzarote trasladarán a tres parejas de baile para ilustrar con sus singulares coreografías las seguidillas de Lanzarote, que se tocarán a tres timples y que nosotros queremos que comiencen a viva voz, sin intervención de instrumentos, con la contundencia de unas voces que se agarran a tesituras altísimas. Serán las únicas vestimentas tradicionales que se utilicen en el espectáculo, que buscar separarse, a propósito, de tanta repetida fórmula pseudo folclórica con la que nos bombardean desde los medios televisivos del Archipiélago.

Otro de los alicientes de este concierto singular para el público amante de las canciones de raíz es la presencia de un notabilísimo elenco de cantantes venidos de casi todas las islas de Canarias. Por La Palma estará Luis Morera, interpretando Malagueñas y un canto de arar. Luis es para mí el último mohicano del canto de Canarias. Hay una dimensión espectacular y, a la vez, espiritual en todo lo que hace: pintando, esculpiendo, cantando y componiendo con Miguel en Taburiente...

Sergio Cabrera, que es cantante de Los Campesinos y que tiene la escuela de los viejos cantadores conejeros, lo hará acompañando Seguidillas. Por El Hierro actuará Angélica Pérez; Angélica tiene una voz y una presencia entornecedoras y es descendiente de la escuela de Valentina la de Sabinosa; interpretará el Tango de su isla y acompañará a Totoyo y Carlos Oramas en una singular versión de las Endechas de Canarias, acompañada de la vihuela y el timple.

Tenerife estará representada por los cantantes Hector González, ex director musical de Los Sabandeños, y por la lagunera Candelaría González, que pondrá voz a la adaptación de los Cantos Canarios de Teobaldo Power que hizo para el timple el Maestro en los años 80. Con ambos nos une una amistad y cariño largos. Olga, Manuel Estupiñán y el aruquense Manuel Morales también cantarán. Manuel se ha convertido es un inquieto dinamizador de proyectos musicales, amén de un cantante multifacético y rompedor; sería un croneer latino fantástico si se lo propusiera.

Manolo Morales es un cantador de raza antigua. Canta en una popular parranda canaria, La Cuas Quías, pero siempre he querido trabajar con él y nunca se me aofrecido la oportunidad. Se ha querido también sumar al evento la popular cantante portuguesa de fados Mafalda Arnauth, cuyo último disco me parece delicioso. Interpretará los aires de Lima, originarios de Portugal, junto al Maestro. Y un fado mío, Fado de mar, que tantas satisfacciones me ha dado. Millares guarda una especial relación con el mundo luso, ya que su primer concierto fuera de Canarias, en los años 50, lo realizó en Funchal.

Muchos de los temas han sido reaglegados por Carlos intentando preservar el legado de elegancia estilística y, a la vez, apego a las fuentes del cancionero tradicional canario que tan sabiamente desarrolló Totoyo a lo largo de su carrera y argumentando la presencia musical de las numerosas colaboraciones que se darán durante toda la noche.

He procurado que la producción contará también con una detallada puesta en escena vestida con una simbólica escenografía a través de siete pantallas de proyección múltiple, que representarán espacios geográficos y de la memoria archipielágica que sirvieron como inspiración a Totoyo para sus composiciones. Son fondos fotográficos muy diversos, con una selección de casi medio millar de fotografías que ha ido recopilando Miriam Cejas de lugares muy diversos. Algunos, provenientes del archivo personal del timplista; otros son de mi modesta afición fotográfica; algunos de fondos fotográficos históricos de Canarias; y otros cedidos expresamente para la ocasión por prestigiosos fotógrafos isleños como Carlos Schwartz, Rojas Fariña, Yuri Millares, Fernando Palmero, Gelmert Finol, o Pedro Siemens. El mismo Pedro, tan fiel a nuestras aventuras artísticas, filmará los prolegómenos y ensayos del concierto para su posterior edición.

En resumen, un espectáculo de casi dos horas de duración que mostrará los sonidos de la vida de una leyenda de la música popular de Canarias en una sinopsis en un compendio de voces, melodías e instrumentos venidos de todos los rincones de Archipiélago para homenajear al padre del timple. Es una suerte, un regalo el que me da la vida revolviendo el caldero de este guiso y son muchas las horas que hemos dedicado a todos los detalles que rodean a esta producción. Intuyo que merecerá la pena, que será una noche inolvidable.


Fotografía de Pedro Siemens. Auditorio "Alfredo Kraus". Sala de Cámara. Las Palmas de Gran Canaria. Diciembre 2008

25 de Diciembre 2008

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La producción la diseñamos hace meses con Carlos Oramas, Olga, Braulio y el mismo Totoyo, que gustaba de recuperar algunas de sus piezas de antaño. Carlos ha desarrollado un trabajo -junto a los chicos de la banda, especialmente Germán López- muy paciente, entendiendo a su Maestro, cuidándolo en todo momento. Totoyo tiene 73 años pero aún se conserva en forma; quiero decir que toca y que lo sigue haciendo muy bien, extraordinariamente bien si tomamos en cuenta su edad.

Con Carlos sólo hemos podido trabajar en alguna contada ocasión en los últimos tres años, aunque siempre ha sido un placer. Hace un año montamos en acústico un pequeño repertorio con mis canciones y una pequeña banda donde él mismo aportaba sonoridades singulares a través de algunos instrumentos de cuerda antiguos. El que más me gusta, por su elegante sonoridad, es una guitarra romántica, de caja muy pequeña y con sabor de cuerdas de animal.

Cuando abordamos el proyecto, decidimos apostar por una propuesta de directo que estuviera en consonancia con el prestigio de Millares y con una revisión antológica de su obra. El concierto, lógicamente basado en el timple de Totoyo y en su repertorio histórico -con el que han aprendido a tocar numerosos aficionados de nuestro instrumento más señero-, necesitaba de un contrapeso estético y tímbrico para que no fuese lineal.

Pensamos entonces en combinar las piezas instrumentales más populares del timple con piezas, vocales fundamentalmente y entresacadas de la tradición etnomusical de Canarias, que sirvieran como pequeños puentes musicales. Totoyo bebió en los años 50 y 60 de esas mismas fuentes, provenientes de la tradición musical rural de todas las Islas del Archipiélago. Recogió tambiñen algunas melodías y canciones en pesquisas que llevó a cabo en algunas de las Islas. Todo eso para desarrollar versiones con su instrumento, así que se trataba de añadir pequeños tesoros folclóricos muy poco conocidos o desconocidos para el público que emgancharan con ese instinto de busqueda de nuestro timplista.

Son pequeñas piezas provenientes de nuestro archivo de recolecciones de campo, especialmente las que hicimos en Fuerteventura en los años 80, y otras entresacadas de la labor de Lothar Siemens, publicada en parte en un disco que acompaña al libro que da cuenta de su tesis doctoral (Canciones de trabajo de Gran Canaria)y que debería ser un referente obligado, no sólo para cualquier estudiante de musicología europeo, sino para cualquier músico amante de las músicas de raíz.

Cantos de arar, de arriero, cantos de tomateras o romances tradicionales que se utilizaban en las labores agrícolas y otras melodías ancestrales que se interpretarán a viva voz, con la desnudez con la que fueron recogidas de labios de ancianos informantes, se darán la mano con piezas del virtuosismo instrumentístico de mi viejo Maestro. Muchas de estas últimas no han sido interpretadas en directo por Totoyo desde hace tres decenios como el Pericón, el Vals canario o las Folías dedicadas a su amigo Casimiro Camacho.

Los temas clásicos de su repertorio, Folías, Malagueñas, su famosa Mazurca o su popular Polca majorera no faltarán tampoco en la noche de su homenaje interpretadas por él mismo y la banda que lo acompaña desde hace dos años, formada por el timplista Germán López, el contrabajista Marco Valero, el percusionista Gilberto Noriega y el propio Oramas.

También se interpretarán algunos de los temas que grabó Totoyo junto al desaparecido Jose Antonio Ramos y Oramas en "Las manos del maestro". Es evidente que durante algunos momentos del concierto se hará presente la ausencia de Jose, que había confirmado su participación antes de que se produjera su óbito.

Cuando nos planteamos invitar a músicos de otros lugares, yo tenía claro que habría que buscar a gente muy cómplice y sólida en cuanto a sus pretacioens como instrumentistas. Gente que aportara una tímbrica instrumental que pudiera "casar" con los sonidos del timple. Los discos de Totoyo hablan de su extraña singularidad: todos los instrumentos que contienen los grabó el mismo en diferentes pistas, así que esta es una ocasión especial, porque va a poder trabajar con músicos de otras latitudes.

A la banda-base de Millares se les unirán una prestigiosa lista de instrumentistas de la escena folk ibérica. El gallego Roi Casal, integrante de Milladoiro, se sumará al espectáculo y al repertorio de Totoyo con el arpa celta, la ocarina y la zanfona. Roi ha sido educado en una disciplina que mamó de su padre y es un músico con el que siempre me ha petecido trabajar en directo. Lo hizo en estudio grabando una ocarina en "Ramito de violetas", cuando hicimos "Canciones del Sur". Javier Palancar, considerado el mejor acordeonista español del género vendrá acompañado de su amigo y colega Jose Ramón Jiménez, clarinete, saxofonista y flautista de algunos de los combos folk más potentes de la escena madrileña, el grupo "La Bruja gata, con quien Olga ha grabado alguna canción para sus discos. A Joserra le encargué para la edición discográfica de la segunda parte del musical "Querido Néstor" una versión "klezmer" de una popular canción canaria de parranda canaria, el "Somos costeros". Fue, me parece, alucínate lo que hizo.

El portugués Luis Guerreiro, que dejó tan buen sabor de boca con su guitarra portuguesa en el último espectáculo de boleros de Olga, conoció al Maestro durante una grabación televisiva en Agüimes y quiso sumarse al homenaje para interpretar un punteo a dúo de folías con su instrumento y el timple.


Foto de autor anónimo. Finales de la década de los 50. Academía de timple de Totoyo

25 de Diciembre 2008

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El pasado 29 de Noviembre estrenábamos en Las Palmas de Gran Canaria, nuestra ciudad, el espectáculo "Romántico", y presentábamos las canciones del nuevo disco. La sala sinfónica del Auditorio "Alfredo Kraus" ha acogido algunas de nuestras presentaciones en Canarias. Es un edificio, el proyectado por Oscar Tusquet, que ha ido adquiriendo una consistencia cada vez más sólida en el tejido urbano de esa parte de la ciudad.

Hace menos de veinte años esa esquina de mar que cierra el mapa de calles de Las Palmas por el Norte era un lugar solo apto para la chiquillería del barrio de Guanarteme, acostumbrada a los callaos y la marea destemplada. El viejo olor de las factorías de pescado reinaba sobre el lugar hasta que se levantó el Auditorio, por lo que los recuerdos de infancia de la gente de nuestra generación van casi siempre acompañados de aquella presencia, que nos provocaba cuando tocaba ir de excursión al Norte de la Isla para terminar almorzando en Agaete.

El encastillado Auditorio es, así, un continuo refugio de presencias artísticas locales e internacionales en estos últimos once años. Allí, siempre que hemos tenido algo que celebrar cuando estamos en la Isla, se nos acoge con respeto. En esta ocasión, la presencia de la Cope local era imprescindible, puesto que fueron ellos los que nos animaron hace un año a montar "Romántico", la idea que daría pie después al "Pequeño fado y otras canciones de amor". Fueron ellos los que nos contrataron y los que produjeron el espectáculo, tirando de espónsores locales. Ahí cabe un bingo, alguien que pone tubos de escape y unas cuantas empresas locales más que hablan de una vida real, ajena a los dispendios institucionales públicos donde a casi nadie le duele el dinero ni la rentabilidad social y económica de lo que se programa.

Las entradas se agotaron y había cierta expectación por ver cómo casábamos el bolero con el fado. Aquí, en casa, no es lo mismo que fuera: aunque termines tocando en París, siempre te importa el aplauso de tus paisanos. En el patio de butacas te encuentras con tu gente, con tu familia y amigos, pero sobre todo, con muchas personas, a las que no conocemos y con la que no tenemos otro vínculo que la música que hacemos, que llevan años asistiendo a nuestros conciertos y espectáculos. Con una fidelidad y fe -hay que decirlo- que nos emociona a propósito del dicho de que nadie es profeta en su tierra.

La verdadera protagonista de la noche fue Olga. Yo había vivido el nacimiento de este espectáculo desde fuera, cuando nos tocó hacer la gira peninsular en otoño del año pasado. Disfruté ideando el desarrollo escénico del concierto y buscando las imágenes que despues se proyectaban aconpañando a las canciones. Fueron ás de una veintena de actuaciones en las que Olga nos robaba el corazón a todos en cada una de las ciudades donde desembarcamos. A mí, también; después de tantos años de andar juntos cantando, verla desde fuera fue disfrutar de toda su dimensión como artista, como cantante "atlántica". Pero, lógicamente, mi visión está influenciada por tantos años de comunión juntos.

En Las Palmas, acompañando yo a la guitarra a Pancho Delgado -un prodigio de ser humano y de conocimientos bolerísticos-, a Marco Valero -que se curó la gripe de la indolencia de algunos músicos insulares viajando y estudiando fuera- y a Luis Guerreiro, un guitarrista portugués que robó aplausos por su virtuosismo, mi experiencia fue distinta. Dentro, en una sala de más de 1.500 personas, la percepción de lo que ocurre está tamizada por muchas distancias, sonoras y luminotécnicas.

Lo cierto es que crítica y público fueron muy generosos y Olga, para hacerme el gusto y después de escupirnos a la cara del dolor todos los boleros que le caben en la garganta, terminó cantando -en español y portugués- un fado de Manuel de Almeida que siempre soñé que habían sido escrito para ella.

Yo la volví a ver de espaldas, como en los veinte años que ya andamos juntos. No es lo mismo; así sólo me llega el eco de lo que devuelve el público, que se guarda lo que ella les da. Fue la noche de Olga con la gente de su ciudad. No podía ser de otra forma. Lo saben quienes estuvieron allí.


Foto de Miriam Cejas. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria. 29 de Noviembre de 2008.

25 de Diciembre 2008

Les debo unas disculpas a los lectores del blog, pero entre las presentación del espectáculo "Romántico" en Las Palmas, viajes entre Madrid y la Isla y el homenaje a Totoyo, no he tenido tiempo ni tranquilidad para alimentarlo con nuevos artículos. Voy a procurar enmendarme en estos próximos días y lo quiero hacer hablando del génesis del concierto-homenaje que, entre varios amigos, hemos puesto en marcha en torno a la figura del que fuera nuestro maestro de timple.

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El concierto de Totoyo, que fue un encargo con el que nos interesó la gente del Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas, era inicialmente una propuesta hecha en torno a Jose Antonio Ramos que hicimos conjuntamente con Braulio Pérez y la gente de Tribalia Producciones, amigos también de Jose. Nos hacía ilusión idear una producción que insistiera en la singularidad de la propuesta creativa de Jose Antonio, a través de una grabación de un DVD y un disco con figuras locales, nacionales e internacionales con las que Jose hubiera colaborado -y no eran pocas- o estuvieran en su ámbito estético. Que eso sucediera en nuestra ciudad natal, tal como ocurrió con el disco "K" de Kepa Junquera en Bilbao, nos parecía una aventura excitante y nada casual.

El proyecto venía de lejos -al menos dos años-, pero en verdad no fue el desgraciado fallecimiento de Jose Antonio lo que truncó el proyecto: en enero del año que termina Jose decidió posponer su participación porque nos comentó que andaba enredado con otros proyectos. Yo pensé entonces que no debíamos despreciar la posibilidad de producción que nos brindaba el Auditorio "Alfredo Kraus" y que a Totoyo, que volvía a tener la oportunidad de que le fuese concedido el Premio Canarias de cultura popular al que ya había estado propuesto hacía dos años, le vendría bien el apoyo psicológico, mediático y económico que sigificaría la organización del evento.

Es una costumbre que los programadores del coliseo capitalino llevan manteniendo desde hace casi una década con notable éxito en cada una de sus convocatorias -este evento anual ha permitido que los más prestigiosos músicos populares isleños expongan sus propuestas creativas con una dimensión de producción no habitual y en un marco escénico singular-. Ha sido una propuesta que se ideó cuando Tato Bethencourt era el responsable de programación de ese espacio y ha continuado después. Llama la atención porque, en general, los programadores de espacios escénicos -por supuesto los canarios- son de una obviedad evidente. Desde luego, esa iniciativa es única, por su continuidad anual y por sus capacidades presupuestarias. Esperemos que continue.

El vínculo entre Totoyo y nosotros -especialmente el mío con él- ha sido siempre muy importante para mí. Totoyo me inoculó la pasión por la música tradicional de Canarias gracias a las clases que recibí de él cuando yo era un adolescente. Entrar en su academia de la calle Triana era una experiencia casi mística a propósito de aquellos "altares" paganos donde se reunían todo el Olimpo folclórico de Canarias en ajadas fotos colgadas de la pared. Quiero recuperar un artículo que escribí hace años sobre mi vínculo con mi viejo Maestro y que títulé "Las manos del Maestro". Jose Antonio -andábamos varios exalumnos (Jose Sanabria, Carlos Oramas, él mismo y yo) intentando ayudar al viejo- , me pidió el título, un texto para ese hermoso disco que construyeron a seis manos él, Carlos Oramas y Totoyo. Hicieron su presentación pública en el Teatro Cuyás de Las Palmas y le diseñé a Jose un espacio escénico y un concepto de espectáculo que, creo, les gustó a todos ellos y al público que llenó el recinto. Aunque bien es verdad que lo que habían construido en aquel disco era tan potente que no necesitaba de más acompañamiento que sus sobrados talentos.

En verdad, la historia empieza más atrás: un par de años antes de que ocurriera todo eso, Pepe Sanabria había preparado, a través de una Mancomunidad de Municipios de Gran Canaria de la que es gerente, una serie de conciertos y cursos para animar a Totoyo a volver a la presencia pública. Después, con Mestisay, lo invitamos al espectáculo de "Toda una vida" para que tocara una folías que cantó Olga. Fue un momento mágico vernos juntos tocando junto a Jose, a Carlos y a Totoyo, cuando ya Jose Antonio ya les había enredado en el pensamiento del disco que después hicieron juntos. Es el video de los que nos han colgado en Youtube, que ha recibido más visitas de todos los nuestros y no deja de ser comprensible porque hay un retrato verdadero del milagro de hacer música en aquella grabación. Después Jose Antonio se embarcó, con la pasión y el instinto talentoso con el que hacía todo, en "Las manos del Maestro", que tuvo un éxito más que notable allí donde se representó.

Pero recupero aquel artículo publicado en la prensa local, en el que entonces escribí lo siguiente:

Todavía me duelen los coscorrones del maestro, golpeando con el puño cerrado, sobre mi cabeza, como si fuera un tambor. "Pon el Re en el mismo traste, el segundo...! ¡Noooo, el segundo, coño! ¡Quita ese dedo de ahí!" A veces venía de mal humor, con barba de tres días, desarrmado por la vida, pero yo lo admiraba y me quedaba callado esperando a que afinara mi timple. El suyo estaba siempre como un requinto, bien afinadito. Sólo bastaba que el maestro lo cogiera para que cantara vida. Era un instrumento hermoso, con incrustaciones de nácar y muescas de madera negra incrustada en la de palosanto de la caja. Sus cuerdas sonaban cristalinas, puras, casi virginales cuando Totoyo las arpegiaba. Mi timple era un cacharro porque papá, cuando le pedí que me pagara las clases, me compró un timple malo, de esos de nogal que hacía el maestro Alemán en su taller de Santa Brígida: -"Si te cansas de ir a clase, no habremos perdido mucho y regalamos el timple a alguno de tus primos".

Me gustaba oler los instrumentos por dentro, metiendo la nariz por sus bocas. Cuando Totoyo se iba un momento a atender alguna visita y hacíamos un descanso en la clase, aprovechaba para coger su timple y olerlo. Sabía a barrica, a edulcorados aceites, a rosas silvestres de esas que crecían entre zarzales a la orilla de las serventías; a madera noble y humedad de tierra roja empapada de rocío mañanero.

La academia de Triana tenía las paredes llenas de fotos del Maestro con grupos de niños y niñas a los que había dado clase en las Dominicas: todos uniformaditos, con el alma inocente resplandeciendo en sus caras, aferrando en sus manos los instrumentos guardados en los forros de eskay -verdes, o morados- que vendía Chano en su tienda de la calle Perdomo. También había fotos de Totoyo con personalidades: una, abrazando a un hombre vestido de ruso con una balalaika y otros muchos rusos detrás aplaudiendo; otra, con un señor de pelo blanco, muy blanco y largo, que se parecía al Dios que salía dibujado en el "Amiguitos" del párvulos. Años más tarde me enteré que aquel hombre era Rafael Alberti. Y muchas más fotos.

Sin embargo, el encanto de aquel lugar estaba guardado en las manos del Maestro, que se movían inquisidoras, tensas, partiendo el aire en mitad de una conversación telefónica y que, al momento, al volver al timple, se transformaban en amantes, solícitas y embaucadoras manos. Totoyo Millares reinventó el timple; quiero decir que le dio alma, que lo convirtió en voz, en protagonista. Antes de él había sido un ruidoso acompañante de la parranda, de la Fiesta canaria. Millares logró arrancarle heridas cuando punteaba el arrorró; le dio vida al verso de una copla famosa -"toquen vivito, vivito..."- con sus rasgueos de isa y lo enseñoreó en el aire de una folía.

Ha vivido Totoyo en busca de un sueño, aunque él mismo no se diera ni cuenta. Rodeado de camisas de popelín y chaquetas de basta estameña, buscaba al "buen salvaje" de los canarios: un boyero que hería la tierra detrás de una vaca que respondía al nombre de "Mariposa" o "Manzana"; un pastor que adivinaba el nombre de sus cabras con sólo oír las cencerras bajando por el monte; una hilandera que daba vueltas y más vueltas en su telar de tea vieja a la humilde miseria de los que nada tenían salvo sus manos.

Lo hizo por convicción, por genes, extraños genes que habitan entre los de su tribu, lo que aún viven y los que se fueron. En apariencia lo tuvo fácil, creciendo entre hermanos que pintaban, rimaban palabras en busca de la Verdad, a la sombra de un padre que pagó con el silencio su espíritu liberal y de una madre que tocaba sonatas de Chopín en un desvencijado piano de pared. Pero en realidad, lo tuvo difícil, enemigo de si mismo y de las convenciones sociales, encerrado en un mundo de siete cuerdas que aplacaba su carácter cambiante de sombras y luces.

Y vuelven a mí las imágenes y los sonidos que aún habitan en la vieja academia de Triana, donde tantos niños - hoy algunos de ellos consumados intérpretes- se iniciaron en la modesta pasión de acoger un timple entre sus manos. Una pasión que incitaba el Maestro, Totoyo Millares, entre coscorrones y pacientes consejos.

<small>Foto de Miriam Cejas. Con el cantante Jose Manuel Ramos, Totoyo y Nay en la Plaza de La Candelaria. Santa Cruz de Tenerife (Octubre 2006).