La foto es el recuerdo de un verano, cuando la isla entera -El Hierro- vivía al compás de los pitos y los tambores de los pastores. Era el año de la Bajada, probablemente la única celebración popular de las Canarias que se conserva intocable a cambios desde que fue establecida como fiesta cuatrianual. El Hierro, no más de diez mil residentes habituales, multiplica sus habitantes durante la celebración. La Fiesta se convierte en un lugar de encuentro para los trasterrados de la Isla y los enraizados en ella, que viven sus vidas de cuatro en cuatro porque ese es el ciclo vital que los acompaña desde niños.
El día de la foto se despedía Agosto y hacía semanas que la Virgen había regresado a su ermita. El final del verano se estiraba lentamente acostado en cirros de nubes que anunciaban una tristeza contagiosa; era la evidencia de que habríamos de esperar otros cuantos años para reencontrarnos con la dimensión de fe en la vida que es la Fiesta para los que hemos tenido la suerte de vivirla. Ese desconsuelo se nota más entre nosotros, los que venimos de fuera pidiendo permiso, poco acostumbrados al vacio del silencio en el que queda la Isla cuando los tambores dejan de resonar.
Nos llegamos hasta el confín del mundo conocido, donde se intuye un mar incógnito, en el faro de Orchilla. Y allí se sentó la anciana, venida de Hamburgo. Una mujer cualquiera; una europea hija de entreguerras, que habría visto pasar los días de su existencia entre esperanzas y miedos, aferrada a sus creencias y a las de otros; toda una vida pidiendo independencia, imaginábamos mientras apretamos el disparador de la cámara. Cuando llegó al mentidero del faro y se entregó a su piel de cemento, sus años de ancianidad dieron sentido a aquella leyenda grafitera escrita en las paredes del edificio por un soñador de utopías.
Independencia: independencia del perro a la correa de su amo, que todas las mañanas lo obliga al civilizado rito de hacer sus excrementos en hora y lugar convenientes. Independencia del lector provinciano de periódicos a la columna de cuchicheos. Independencia de la bola al guá; de un cumpleaños a unas velas; de una sonrisa a una mentira; del Re mayor al La séptima: del deseo de un hombre a una vagina; del adolescente al Big Mac; de la depresión a los programas de televisión.
Independencia de mi hija a la laca Pantene fijador clásico; del voyeur a una mujer acostada en la cama con tacones y medias negras; del cantautor a un espiritual modo de amor universal; de los comunistas a las camisas con el Che Guevara; de los liberales a las rebecas de Burberry sobre los hombros los domingos por la tarde; independencia de un calcetín a su pareja; de Paul McCartney a John Lennon; del director de orquesta a su batuta; de Matías a la vida en duti free...
Foto de Manuel González. Faro de Orchilla (El Hierro). Agosto de 2005.








