Archivos Noviembre 2008

27 de Noviembre 2008

Nunca es tarde.jpgLa foto es el recuerdo de un verano, cuando la isla entera -El Hierro- vivía al compás de los pitos y los tambores de los pastores. Era el año de la Bajada, probablemente la única celebración popular de las Canarias que se conserva intocable a cambios desde que fue establecida como fiesta cuatrianual. El Hierro, no más de diez mil residentes habituales, multiplica sus habitantes durante la celebración. La Fiesta se convierte en un lugar de encuentro para los trasterrados de la Isla y los enraizados en ella, que viven sus vidas de cuatro en cuatro porque ese es el ciclo vital que los acompaña desde niños.

El día de la foto se despedía Agosto y hacía semanas que la Virgen había regresado a su ermita. El final del verano se estiraba lentamente acostado en cirros de nubes que anunciaban una tristeza contagiosa; era la evidencia de que habríamos de esperar otros cuantos años para reencontrarnos con la dimensión de fe en la vida que es la Fiesta para los que hemos tenido la suerte de vivirla. Ese desconsuelo se nota más entre nosotros, los que venimos de fuera pidiendo permiso, poco acostumbrados al vacio del silencio en el que queda la Isla cuando los tambores dejan de resonar.

Nos llegamos hasta el confín del mundo conocido, donde se intuye un mar incógnito, en el faro de Orchilla. Y allí se sentó la anciana, venida de Hamburgo. Una mujer cualquiera; una europea hija de entreguerras, que habría visto pasar los días de su existencia entre esperanzas y miedos, aferrada a sus creencias y a las de otros; toda una vida pidiendo independencia, imaginábamos mientras apretamos el disparador de la cámara. Cuando llegó al mentidero del faro y se entregó a su piel de cemento, sus años de ancianidad dieron sentido a aquella leyenda grafitera escrita en las paredes del edificio por un soñador de utopías.

Independencia: independencia del perro a la correa de su amo, que todas las mañanas lo obliga al civilizado rito de hacer sus excrementos en hora y lugar convenientes. Independencia del lector provinciano de periódicos a la columna de cuchicheos. Independencia de la bola al guá; de un cumpleaños a unas velas; de una sonrisa a una mentira; del Re mayor al La séptima: del deseo de un hombre a una vagina; del adolescente al Big Mac; de la depresión a los programas de televisión.

Independencia de mi hija a la laca Pantene fijador clásico; del voyeur a una mujer acostada en la cama con tacones y medias negras; del cantautor a un espiritual modo de amor universal; de los comunistas a las camisas con el Che Guevara; de los liberales a las rebecas de Burberry sobre los hombros los domingos por la tarde; independencia de un calcetín a su pareja; de Paul McCartney a John Lennon; del director de orquesta a su batuta; de Matías a la vida en duti free...

Foto de Manuel González. Faro de Orchilla (El Hierro). Agosto de 2005.

15 de Noviembre 2008

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Pereira es una ciudad colombiana; y un par de personajes de novelas y películas lusas. Un apellido, por lo demás, común en Brasil y Portugal. Quizás el Pereira más talentoso que nosotros hemos conocido -también debe de ser uno de los más famosos- es Julio, Julio Pereira, multiinstrumentista, compositor y productor portugués.

Puede parecer exagerado, pero en este lado del mundo deben de existir muy pocos músicos de raíz con la resistencia creativa y los hallazgos de nuestro Pereira. Escribo sobre ello aquí y ahora porque asistí, hace unos días y en la entrañable sala Galileo Galilei de Madrid, a la feliz presentación del último disco de Julio Pereira con motivo de unas jornadas sobre Portugal que anualmente se celebran en la capital de la Meseta.

El más reciente trabajo de Julio se llama Geografías y es una continuación de un proceso de búsqueda sonora -que se alarga ya a más de veinte años- en torno a los sonidos tradicionales de Portugal que instruye a aquellos viejos ritmos de la lusofonía en el ámbito de lo contemporáneo con una envidiable inteligencia. El disco es absolutamente recomendable, no solo para aquellos que gusten de las llamadas músicas del mundo, sino para todos los oyentes -profesionales o aficionados- que quieran sumergirse en una aventura sonora de alto contenido narcotizante por la magistralidad con la que Pereira, en ciclos y células engañosamente continuas en cuanto a sus esquemas rítmicos y melódicos, va construyendo su propuesta.

La aparente sencillez de lo que escuchamos en disco no es fácil de llevarla a cabo en directo porque Pereira, un mago del estudio y un artesano de tecnologías e instrumentos acústicos a la vez -conceptos que mezcla sin ningún complejo en sus trabajos discográficos-, construye sus composiciones sobre capas superpuestas de efectos multirítmicos donde se mezclan sonidos de instrumentos populares con otros producidos por la tecnología.

Él mismo, tocando la mandolina portuguesa y acompañado tan solo por dos músicos (una cantante/teclista y un excelente guitarrista), consigue trasladarnos lo ensencial del disco al directo. El público madrileño se rindió a la frescura y alegría de un concierto donde la música, como celebración litúrgica pagana, es la única protagonista.

Pereira es un ser hacia adentro. Me explico: Es un músico que, después de su singular periplo como acompañante de Zeca Afonso durante años y tras la muerte del bardo, se convierte en un artesano de la música. Consigue levantar su propio estudio en Lisboa, aprende a tocar numerosos instrumentos y en los años 80 se sumerje en el mundo de la tecnología y en la informática musical como parte de un proceso de independencia creativa que lo convierte en un rara avis del mundo musical contemporáneo. Su música así trasciende el compartimento-estanco de su origen para convertirse en una propuesta creativa sin adjetivos ni fronteras, aunque llena de autenticidad.

Así, no era fácil verlo tocando en directo durante estos últimos dos decenios; su mundo son las paredes de su estudio. Por eso hay que celebrar que podamos disfrutarlo en vivo y comprobar que su talento como instrumentista no es un truco de laboratorio sonoro. La mandolina portuguesa, en sus manos, se convierte en una caja de ritmos y melodías que son plenamente modernas aunque conserve el eco de lo antiguo.

La apasionante experiencia de trabajar a su lado -nosotros lo hicimos en dos discos- es también un ejercicio de humildad con respecto a quien ha hecho de la música una religión.

8 de Noviembre 2008

fotos.Nueva York. Octubre 2005 111.jpg

A finales del otoño del 2006 pudimos visitar, por primera vez, los Estados Unidos gracias a una gira que hicimos con "Canciones del Sur". Fue una gira afortunada, entre otras cosas porque, al ser organizada por nuestra propia oficina con varios meses de antelación, nos permitió visitar el país sin el agobio habitual que impone un concierto tras otro .

Si hay algún viaje recomendable en una agenda de vida es el que nos señala los EE UU en el mapa. Todas las razones, los prejuicios y la desconfianza que alimentamos contra ese país desde este lado del Atlántico comienzan a desfigurarse en cuanto sales de los agobiantes cacheos de la seguridad aeroportuaria yanqui.

Si la puerta de entrada al país se produce por la Gran Manzana, NY es el ejemplo de toda esa distorsión mental que la izquierda europea ha alimentado sobre las causas y azares de la creación y dominio sobre el resto del planeta de un país como los Estados Unidos. En NY encontraremos explicaciones físicas -sólo con pasear a la sombra de los grandes rascacielos de la Quinta Avenida-, visibles desde nuestra observación directa, a los grandes retos y logros de la humanidad en el siglo XX; y también a sus miserias y a las del capitalismo como sistema. Un esplendido libro de Muñoz Molina, Ventanas de Manhattan, atesora las mejores definiciones en castellano sobre la inquientante dimensión espiritual de la capital del mundo.

Porque su dimensión económica y social es bien diversa, lo ideal es visitar cinco o seis zonas del país; nosotros tuvimos la suerte de poder tocar en varias ciudades de varios Estados: Alburquerque, San Antonio de Texas, Bostón, la misma NY...; entre ellas, Chicago, el lugar de donde surgió el presidente electo. Una ciudad que abraza una de las orillas de uno de los Grandes Lagos y poblada, del mismo centro hacia su periferia, por un alto porcentaje de afroamericanos. Una ciudad energética, con apariencia de juventud, impulsada por generaciones jóvenes que se mueven en el entorno de sus grandes universidades. Museos colosales, parques llenos de césped, clubs de todo tipo de músicas llegadas desde cualquier rincón del mundo... Y por muchas cosas más: por ejemplo una impresionante colonia mexicana que retroalimenta todos los símbolos estéticos y culturales de la mitología popular de su país de origen para vomitarla, con una capacidad de síntesis antropológica digna de estudio, en calles, comercios, cafés, paredes o música en la búsqueda de un Mexico que en la realidad ya no existe.

Toda esa inquietud cultural mixtificadora de Chicago o NY se encuentra de forma más silente en el sur del país, que cede protagonismo ante el clima y el paisaje. Pero quizás hay un elemento en la sociología americana que, bien o mal dirigido desde sus líderes, produce efectos contraproducentes para ellos mismos y para el mundo, y es su ingenuidad. Una ingenuidad que va de la mano del valor de la verdad o la presunta verdad en el orden moral de las cosas. De ahí el escarnio y las campañas de difamación pública en los medios que se producen cuando un político norteamericano es cogido infraganti en asuntos de faldas, algo que no comprendemos desde nuestro mundo.

Imagino que seríamos muchos los que escuchábamos hace tres noches a aquel hombre mulato, subido en el podio de la Gloria, hablando a sus conciudadanos, enmudecidos por el instante histórico que estaban y que estábamos viviendo. Confieso mi emoción al escucharlo en aquel discurso, aunque pueda parecer americano por ingenuo, ante la carambola de que aquel hombre - el hijo de un negro- fuera elegido en medio de una maquinaria de hacer liderazgos intervenida hasta por la mentirosa magia de su cine.

Pero mi ingenuidad tiene mucho más que ver con la necesidad de escuchar una palabra de Fe en un mundo descreído. Y aquel rostro pintado de negro hablaba con la fe de quien sabe cuál es la responsabilidad del caliz que ha de beber. Entre las gotas de sangre que contiene se encuentran Abu Gabri, Guantánamo, Irak y un sinfín de tragedias y conflictos no resueltos desde décadas o creados en el negro bienio del Presidente saliente. Y un gigante mundo de componendas económicas, de trust políticos, de enredos geoestratégicos y de secretos de Estado inconfesables

Cada uno de nosotros somos una brizna de polvo en mitad de ese universo mediático, de ese monstruo que nace a la sombra de un imperio como el americano. ¿Es este hombre lo que aparenta? Pero las palabras, las palabras resonaron en la voz de ese hombre como un viento fresco. Obama es una incógnita llena de esperanzas. ¿Podemos pensar que podemos?

Foto de Miriam Cejas. NY. Edif. Empire State. Noviembre 2006.