28 de Mayo 2010

¿Cómo llega un hombre a evadirse del Linimento del bigotudo y el Jabón Imperial para adecentar los cabellos de testas más relumbradas socialmente que la de sus modestos vecinos de Juan Grande? ¿Cómo vislumbra uno que hay vida más allá del sonido de las melladas tijeras de la barbería de la adolescencia? ¿Cómo escapa uno del calor caribeño de las cuarterías pobres de aparceros y aparceras sin sombra de rencor en el alma?

Esa fue la aventura de vida de Pepe López, empecinado en subir escalones, desde la humildad de su cuna, con el único talento de sus manos. Ocurre eso en otros, pero suelen arrastrar un cierto complejo social en cuanto sus esfuerzos y una chispa de suerte los encumbra; y no dejan de haber razones. Sin embargo en Pepe había siempre una modestia llena de orgullo por sus orígenes, por su raíz de pueblo. Una modestia que lo obligaba a abrir los ojos y los oídos para aprender, para aprehender el Arte.

Así fue con la peluquería, con su entendimiento de artista, porque el asunto se convierte en talento útil cuando a las aptitudes naturales las acompaña la cultura del esfuerzo y el sacrificio personal. Pepe fue, además, un excelente empresario, de esos que ya no se estilan porque el mundo de negocios como el suyo se ha puesto perro, multinacional, franquiciado.

Sin embargo en Pepe y en sus modos empresariales había familia, acogimiento, tupida y fresca sombra para quien quisiera, siguiendo su ejemplo, trabajar en uno de sus establecimientos con una sonrisa en los labios. Lo saben y lo recordarán siempre sus empleados, sus clientes, su compañera y sus hijos, huérfanos de un tutor y amigo ejemplar.

Pero si no fuera suficiente con esa orla de honores, habrá que añadir que Pepe López adornaba su vida social, pública y personal con una generosidad sin límites; era un comportamiento de otro tiempo, o mejor dicho, de otro país. Pepe tenía una cultura norteamericana en su sentido de construir comunidad desde sus recursos empresariales: la ingente cantidad de eventos, de galas de carnaval o de obras de teatro en las que se implicó de forma altruista dan fe de ello.

Gracias a Pepe, y a gente de su estatura moral, yo pude producir y representar "Querido Néstor". Fueron incontables las horas de camerino, de atención y cariño, que dedicó al estilismo y al peinado del numeroso elenco que participó en aquel musical y en su continuación. Un trabajo, por otro lado, de una cualificación profesional envidiable, que no desmerecía a las mejores producciones del género que se ofrecen en Madrid o Barcelona. Y todo eso vinculando a su equipo de jóvenes y veteranos peluqueros y maquilladores, como su inseparable Ángel, incitándolos a compartir el sueño de otros, que él consideraba, por conciencia social, que debía ser el sueño de muchos.

Esta noche, en el reestreno de "El Cabaret del capitán Varela", donde también Pepe alcanzó a poner su talento de artista, invitaremos al público a guardar un minuto de silencio antes de que se alce el telón de la función, que irá dedicada a su memoria; es un modestísimo pago a todo lo que nos regaló.
Para hacer País hace falta un montón de gente así: inquietos barberos de pueblo que un día, en un coche de horas, emprenden el camino hacia sus sueños con el alma de un bondadoso Fígaro.
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15 de Julio 2009

A veces ocurre que la vida nos regala un suceso, un rato de risa en mitad de la batalla, cuando menos lo esperamos. Y esto nos ha ocurrido con este divertimento hecho para un par de amigos -Antonio Montesdeoca, nuestro hermano del alma y miembro de Mestisay desde que empezamos a soñar, y Matías Alonso, hermano de adopción- que son cómicos de los buenos, a los que no les hace falta un título para convocar una sonrisa. Y para unos cantantes y músicos, naturales de la Isla o entrañados en ella, que cantan y tocan sin envidiar a los más afamados del género fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, El Cabaret Cubano del Capitán Varela no tiene más pretensiones artísticas que las de alegrar una hora y media de quien ejerce un oficio maltratado y vilipendiado con cierta frecuencia en esta profesión y sus aledaños, el oficio de espectador.

Este pequeño musical nació hace dos años como hijo de otro, con el objetivo de llegar a donde no pudo aquel por sus complejidad de producción; así, se dispuso recorrer los caminos de los pueblos de las Ilas donde nacimos y subirse a sus plazas y adaptarse a sus aún frágiles espacios escénicos con modestos medios; pero en las primeras funciones a modo de preestrenos, nos dimos cuenta que la criatura reivindicaba su propia personalidad y estatura y que la reacción del público en los lugares en los que lo representábamos era común en todos: las cantantes parecían cubanas, el galán enamoraba en cada plaza y los cómicos burlaban las convenciones del género, utilizándolas como armas arrojadizas, para buscar la complicidad del espectador.

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La urdimbre del espectáculo ayudaba a ello: canciones populares de la música cubana entreveradas en la ficción de un programa de radio de los años 50, en vivo y en directo, tal como recordamos de la radio del pasado, que nos parecía tan seductora en sus imágenes sonoras a nuestros oídos de niños. Pero el espectáculo, mientras lo escribíamos y ensayábamos, se resistía a ser un simple revival: la actualidad se nos colaba entre las manos y, aún siendo todo un entretenimiento, nos proponía ver partes de nuestra realidad social con bufonesca impertinencia.

Al final del camino nos queda una certeza: sentirnos orgullosos, con la experiencia de profesión acumulada en todos estos años, de arropar en una nueva aventura teatral a jóvenes talentos nacidos en nuestra tierra y a otros, venidos de Cuba y asentados en las Canarias. El final de la aventura no se vislumbra aún; hemos conseguido plantar la producción en el verano de un teatro madrileño con el desparpajo de quien nada tiene que perder. Levantamos el telón el 23 de Julio, para hacer una pequeña temporada de verano, con un mes de representaciones, en el Teatro Príncipe Gran Vía de Madrid, en los aledaños de la Gran Vía madrileña y a un paso de la Puerta del Sol.

Pero no nos arroguemos en exclusiva méritos que son compartidos; hubiera sido imposible llegar hasta aquí sin la complicidad de la propia Compañía -cantantes, músicos, técnicos y compañeros en las tareas de producción- la ayuda de algunos amigos, instituciones públicas, medios de difusión y empresas que nos han aligerado en algo de la carga de poder estrenar este espectáculo sin más padrinos que usted, querido espectador, que con la compra de su localidad podrá ejercer un derecho inapelable acerca del valor de este divertimento que nos regaló la vida.


La compañía del cabaret del Capitán Varela. teatro Cuyás. Febrero 2008. Fotografía de Pedesiero.

11 de Junio 2009

JAR270.jpgTodavía arrastramos resaca emocional de la noche de Jose Antonio; seguro que todos los que participamos, tanto en la producción como subidos encima del escenario de la sala sinfónica del Auditorio de don Alfredo. Tengo la desgracia y la suerte que me ronden algunos fallecidos de mi tribu y me comprometan a ayudar a que su recuerdo siga vivo. Y aunque aquí sólo ayudé a acompañar a Olga y a Pancho Amat con la guitarra y a poner el vestido escénico a la solvente dirección musical que ejerció el saxofonista Andreas Prittwitz, la sensación de lo vivido fue de una intensidad dificilmente explicable para quien no estuviera allí.

Los organizadores de todo, la familia de Jose Antonio Ramos, especialmente Márgaret -su esposa- y Pilar -su única hermana-, hicieron un encaje de bolillos que salió casi perfecto. Es muy complicado atender a todo, no herir sensibilidades, hacer una lectura fiel de lo que hubiera querido nuestro timplista y amigo que ocurriera porque, simplemente, ya no está. A ellas sí que les queda ahora un camino en pendiente para que esa ausencia -Jose llenaba la vida de todos los que tenía a su alrededor; era el jefe de su tribu- se vuelva una presencia sonora, lejana a las penas, cómplice con la vida que continúa.

Todos los que subimos al escenario lo hicimos con las manos llenas de recuerdos de la música y la amistad de Jose. Y fuimos capaces de traernos al público que llenaba la sala hasta el registro de creación de lo que habrá de salvarse de Jose más allá de la esfera personal: sus músicas y su inolvidable capacidad de atrapar con su timple las sensibilidades de instrumentos, ritmos y voces venidos de otros mundos.

Debo imaginar que los demás también - todos los que siguen siendo y se sienten amigos de Jose y jugaron un papel en la sombra, ayudando desde sus responsabilidades: desde un periódico, desde los despachos del Auditorio o simplemente comprando las entradas del concierto. Por mi parte, confieso que lo tuve detrás más de dos meses, metiéndome su aliento en mi cuello, oyendo su música todos los días mientras le daba vueltas, una y otra vez, a los lugares y canciones donde debían ir las imágenes de los fotógrafos que, generosamente, quisieron pintar las melodías de Jose con el color de la vida. Fue, sin lugar a dudas, una noche para no olvidar. Fue la Noche de Jose Antonio.


Fotografía de Nacho González

17 de Mayo 2009


Así empieza una de esas canciones palmeras, escritas en el magma de talento local sensibilidad romántica que alimentó la burguesía de esa isla al socaire de la riqueza del plátano y el tabaco. La Palma, y especialmente Santa Cruz, siguen haciendo un guiño a su pasado colonial en cada esquina de sus calles.

Fuimos a tocar allí hace un par de semanas, coincidiendo con la festividad de las cruces, que aun se celebra en algunos barrios de la capital en esos círculos familiares y de tribu que tanto ligan a los palmeros entre sí.

El primer concierto lo ofrecimos en San Andrés y Sauces, en un pequeño auditorio con el que ya habíamos estado con El Cabaret del Capitán Varela gracias al empeño de la alcaldesa y los responsables de cultura del municipio palmero. El Varela tuvo tremendo éxito entre un público que no cabía en el patio de butacas. Olga no se quiso quedar atrás: como alongándose al azul del mar -un fondo de escenario que siempre está presente en el Norte palmero-, templó canciones en el borde del precipicio y repitió el éxito de nuestra anterior producción. El respetable dejó caer más de una lágrima y los amagos de fado que escribimos para su voz flotaban en el aire como si estuvieran en casa. La Palma es portuguesa en los colores y cubana en los sabores.

Al día siguiente, al peso del mediodía, visitamos el coqueto estudio que Luis Morera, "el último mohicano", el pintor, esteta, cantante y compositor tiene en la Placeta de Santa Cruz. Luis andaba enredado haciendo una cruz en una de las calles empedradas que hacen subida desde la plaza donde bailan los enanos, pero buscó un hueco para enseñarnos algunas de sus pinturas, entre ellas la de la serie de "los indianos", que tienen un éxito tremendo entre los alemanes que visitan su trinchera.

La noche caía y nos metimos en el teatro-Circo Marte a cumplir con el compromiso de cantar en uno de los teatros más señeros de las islas, afortunadamente recuperado para la memoria de la ciudad y la Isla. Una reforma muy cumplida y un personal amable y considerado nos acompañaron durante toda la noche. La bóveda del teatro, de blanco vaticano, aguarda la tentación que el mismo Luis hizo al ayuntamiento de Santa Cruz: pintarla con los colores de la tierra.

Había partido de futbol en la tele -un Madrid-Barcelona-, pero la asistencia no fue poca. El público era mayoritariamente femenino, así que poco hay que decir de cómo penetraron las canciones en el alma de nuestras espectadoras. Tres bises y la noche y la luna esperándonos en la puerta del Teatro para visitar a las cruces y a sus adoradores.


Olga y Luis Morera durante su actuación en Madrid en 1998. Teastro Nuevo Apolo. Espectáculo "La Noche de Canarias"Mestisay.Negativos.Diversos0108.jpg

28 de Marzo 2009

002.1.jpgDisculpas a los que me hayan venido a leer en este blog y no se hayan encontrado con ninguna novedad. Febrero y Marzo se ha presentado con algunas complicaciones, personales y profesionales, y no he tenido ni tiempo ni espíritu para ponerme a escribir algo. Hemos hecho una actuación a la semana en el último mes y, como todo lo que solemos hacer, proviene de una artesanía de gestión que requiere que cada uno de nosotros esté en sus cosas y en las de otros.

Los conciertos tuvieron, cada uno de ellos, su encanto. En San Sebastián de La Gomera, el Auditorio "Infanta Cristina", donde nunca habíamos tocado, el público fue notable en número para lo que se suele ver en la Isla. Ayudó Sito Simancas, un personaje fantástico, dueño y locutor/animador/presentador de Radio Tagoror, una emisora independiente que conecta con la colonia canaria de Venezuela cada día por las ondas.

Sito es de una generosidad apabullante; cae bien a todo el mundo; no tienen enemigos y eso es raro trabajando en una radio. Ahora anda preocupado, porque llega la hora de las licencias para radiar que concede el Gobierno de Canarias. En medio, intereses de partidos y de medios de fuera de la Isla que se comportan como las multinacionales en un lugar tan pequeño. Pero él tiene algo que lo hace ser auténtico: su pasión por la radio. Y ser el más escuchado en La Gomera.

El concierto en La Gomera terminó como siempre, con la gente de pie y Olga recibiendo parabienes. Se estrenaba nuestro amigo Carlos Oramas con su guitarra romántica. Y Pancho, que ha hecho una heroicidad en estos meses, tocando la guitarra portuguesa. Nosotros estuvimos correctos en el acompañamiento, pero con falta de carretera, aunque creo que el público no nota eso.

A la semana siguiente, en el Teatro Leal lagunero, acompañamos a Olga con más detalle, con más delicadeza. Disfrutamos de la actuación y conseguimos un sonido instrumental más envolvente, más cálido. Creo que ayudó el hecho de que prescindimos de monitoraje por cascos. Este tipo de música necesita del eco de los espacios donde se toca para producir calor cuando se toca un instrumento acústico. Del sistema de cascos aisla al músico y le quita sensibilidad par atocar con los otros. El público de La Laguna se fue fascinado, creo.

El teatro estaba lleno hasta la bandera. Nos tienen un respeto tremendo allí, de siempre. No ocurre igual con los gestores de los grandes espacios públicos de Tenerife, especialmente los de Santa Cruz, donde no hemos podido llevar nunca una producción nuestra. Entre el público -después nos vinieron a saludar a camerinos- estaban Elfidio Alonso -el fundador de Los Sabandeños- y su mujer Magda. También Olga Ramos, la cantante tinerfeña de honda estirpe folclórica, junto a su hija Beatriz, tan artista y buena persona como su madre. Y Eloísa González y Ramón Rodríguez, hacedores del programa de más audiencia de la TV canaria, "En clave de Já". Eloísa siempre trae la alegría entre sus brazos; no se puede ser más bella, por dentro y por fuera.

En La Laguna ya se notó la presencia de Carlos Oramas, que habita en la guitarra con una naturalidad envidiable: su virtuosismo no se nota con el estruendo de quien lo sabe todo, sino con la tranquilidad y parsimonia de quien posee los secretos de un instrumento. Carlos no viene del bolero y eso, en este caso y para la producción de "Romántico", creo que es bueno, porque aporta otra sonoridad y otra forma de entender las armonías de las canciones al resultado final de lo que se oye.

Barcelona fue nuestra siguiente parada. En la capital catalana disfrutamos muchísimo de la actuación. Fue en la Luz de Gas, donde habíamos estado hace seis años. Una sala privada estupenda, la que quisiera tener uno en propiedad para programar las músicas y los artistas que a uno le gustan. En rigor no había más de cien personas, pero fue una delicia de concierto. Había ya conexión entre los que tocábamos: Pancho estuvo espléndido con la portuguesa, y Marco Valero en el bajo muy ajustado al acento rítmico sobrio que nos piden las canciones. Olga en la misma tesitura de siempre: arrasando en directo. Nos vinieron a ver algunos amigos catalanes; entre ellos, Josep Carles Rius, directivo de La Vanguardia. Son esos conciertos que empiezan y termina en un instante. Y el cuerpo te pide más, drogado por la emoción del concierto en vivo.


<em>fotografía anónima de Pedro Carrasco (años 60?). Con ella comenzamos las proyecciones de "Romántico".Pertenecen , al parecer, a los antiguos fondos de un estudio fotográfico de Las Ramblas barcelonesas.

13 de Enero 2009


Cuelgo una fotografía del concierto-homenaje a Totoyo después de una dificil elección entre todas las que Pedro Siemens me ha hecho llegar; por la calidad de las mismas y porque una solo foto no refleja con excatitud la suma de emociones que se vivieron durante el concierto. Y mientras espero a que se cuelgue en la red, recuerdo algunas cosas: comencé con un poco más de veinte años, mucha ingenuidad y ninguna experiencia, a idear imágenes encima del escenario que tuvieran que ver con las músicas de raiz con las que me había criado. Al final, aunque uno sea un poco gandul, son tantos calendarios los que han caído de la pared que es inevitable que en mis recuerdos personales la biografía profesional de uno esté llena de noches inolvidables, de gente inolvidable, de músicos, cantantes y actores estupendos.

Pero no me refiero a los aplausos y los éxitos -más o menos modestos- de esas noches; me refiero al carácter de emoción, al "duende" que aparece en un instante y que logra que cientos de personas se emocionen de la misma manera. Sentí la noche del pasado día 30 que había sido el espectáculo más redondo que había ideado nunca. Quizás por la desnudez, por la autenticidad que crearon todos los que ayudaron a levantar aquello, por la ternura que contagiaban cada uno de los fotogramas que proyectamos.

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Y eso fue lo que ocurrió en "La leyenda del timple". Totoyo, con 73 años, tocó con ese pellizco que sólo tienen los grandes. Y el mundo de amigos que estuvo alrededor, acompañándolo, cuidándolo, sumando sus talentos a la fuente de tradición y creación que simboliza Totoyo, se arrimó a su sombra. Sonó otra música de Canarias, aunque pareciera la de siempre.

Fueron todos; los que vinieron de otras orillas del mar y los de dentro. No me entretengo en nombrarlos; fueron todos. Carlos Oramas, que lideró las músicas que se abordaron, por tantos meses de complicidad en común para sacar adelante el proyecto y por ser el sostén que necesitaba Totoyo para hacer sonar su timple, fue el mentidero de muchas de mis dudas cuando montaba la producción.

Un crítico de prensa -Pepe Orive- habló de un abrazo de agua. Nunca pude estar tan de acuerdo con el título de una crónica periodística.

Foto de Pedro Siemens.Espectáculo Totoyo Millares: "La leyenda del timple". Auditorio "Alfredo Kraus" de Las Palmas de Gran Canaria. 30 de Diciembre de 2008.

25 de Diciembre 2008

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Entre los canarios no puede faltar el timplista majorero Domingo Rodríguez "El colorado", íntimo amigo y admirador del benjamín de los Millares Sall, que interpretará varios temas con el Maestro entresacados de su propio repertorio y del repertorio del homenajedo. Domingo tiene especial complicidad con Totoyo por su forma de tocar, por sus rasgeos.

Los guitarristas Antonio Ventura y Javier Infante -este último con una participación singular con el sat o guitarra turca -también aportarán su colaboración. Además, algunos de los temas de autoria millariana o adoptados por Totoyo contarán con algunos acompañamientos de cuerda interpretado por un cuarteto isleño de violines, viola y cello. Todos ellos aportaran nuevas lecturas a algunas de las páginas del repertorio histórico de Millares sin desvirtuar su esencia.

Entre algunos de los colectivos participantes destaca la presencia de casi una veintena de tambores, chácaras y pitos herreños que se trasladarán para la ocasión a Gran Canaria con el motivo de acompañar a Totoyo en su gran noche; y es que el timplista grancanario fue el primero que grabó en los años 70 adaptaciones del Baile de la Virgen para su instrumento. Félix Ayala, tambor y gestor de proyectos culturales en su isla, propició que vinieran los pitos y tambores. Sin él hubiera sido más complicado a propósito de las fechas de Navidad.

En la Gomera, por esas mismas circunstancias imagino, fue complicado buscar a tambores y chácaras. Al final, después de muchos intentos, vienen gentes de Valle Gran Rey, capitaneados por un gomero/venezolano, Antonio José Chinea, que ha sido cómplice e impulsor de que otros gomeros estuvieran presentes. Me preocupé mucho de la presencia de músicos tradicionales de esas dos islas porque aportan un último vestigio de sonoridad tradicional de la música del Archipiélago. Casi todos ellos practican una dimensión prácticamente muerta; su música vive aún con un acento antropológico propio.

El sonido de la parranda estará también presente en algunos estribillos de Isa a través de la parranda Araguaney, con la que hemos trabajado el alguna otra ocasión gracias a Manuel Estupiñán, que colabora con intensidad en sus proyectos y en algunos de los nuestros.

Los Campesinos de Lanzarote trasladarán a tres parejas de baile para ilustrar con sus singulares coreografías las seguidillas de Lanzarote, que se tocarán a tres timples y que nosotros queremos que comiencen a viva voz, sin intervención de instrumentos, con la contundencia de unas voces que se agarran a tesituras altísimas. Serán las únicas vestimentas tradicionales que se utilicen en el espectáculo, que buscar separarse, a propósito, de tanta repetida fórmula pseudo folclórica con la que nos bombardean desde los medios televisivos del Archipiélago.

Otro de los alicientes de este concierto singular para el público amante de las canciones de raíz es la presencia de un notabilísimo elenco de cantantes venidos de casi todas las islas de Canarias. Por La Palma estará Luis Morera, interpretando Malagueñas y un canto de arar. Luis es para mí el último mohicano del canto de Canarias. Hay una dimensión espectacular y, a la vez, espiritual en todo lo que hace: pintando, esculpiendo, cantando y componiendo con Miguel en Taburiente...

Sergio Cabrera, que es cantante de Los Campesinos y que tiene la escuela de los viejos cantadores conejeros, lo hará acompañando Seguidillas. Por El Hierro actuará Angélica Pérez; Angélica tiene una voz y una presencia entornecedoras y es descendiente de la escuela de Valentina la de Sabinosa; interpretará el Tango de su isla y acompañará a Totoyo y Carlos Oramas en una singular versión de las Endechas de Canarias, acompañada de la vihuela y el timple.

Tenerife estará representada por los cantantes Hector González, ex director musical de Los Sabandeños, y por la lagunera Candelaría González, que pondrá voz a la adaptación de los Cantos Canarios de Teobaldo Power que hizo para el timple el Maestro en los años 80. Con ambos nos une una amistad y cariño largos. Olga, Manuel Estupiñán y el aruquense Manuel Morales también cantarán. Manuel se ha convertido es un inquieto dinamizador de proyectos musicales, amén de un cantante multifacético y rompedor; sería un croneer latino fantástico si se lo propusiera.

Manolo Morales es un cantador de raza antigua. Canta en una popular parranda canaria, La Cuas Quías, pero siempre he querido trabajar con él y nunca se me aofrecido la oportunidad. Se ha querido también sumar al evento la popular cantante portuguesa de fados Mafalda Arnauth, cuyo último disco me parece delicioso. Interpretará los aires de Lima, originarios de Portugal, junto al Maestro. Y un fado mío, Fado de mar, que tantas satisfacciones me ha dado. Millares guarda una especial relación con el mundo luso, ya que su primer concierto fuera de Canarias, en los años 50, lo realizó en Funchal.

Muchos de los temas han sido reaglegados por Carlos intentando preservar el legado de elegancia estilística y, a la vez, apego a las fuentes del cancionero tradicional canario que tan sabiamente desarrolló Totoyo a lo largo de su carrera y argumentando la presencia musical de las numerosas colaboraciones que se darán durante toda la noche.

He procurado que la producción contará también con una detallada puesta en escena vestida con una simbólica escenografía a través de siete pantallas de proyección múltiple, que representarán espacios geográficos y de la memoria archipielágica que sirvieron como inspiración a Totoyo para sus composiciones. Son fondos fotográficos muy diversos, con una selección de casi medio millar de fotografías que ha ido recopilando Miriam Cejas de lugares muy diversos. Algunos, provenientes del archivo personal del timplista; otros son de mi modesta afición fotográfica; algunos de fondos fotográficos históricos de Canarias; y otros cedidos expresamente para la ocasión por prestigiosos fotógrafos isleños como Carlos Schwartz, Rojas Fariña, Yuri Millares, Fernando Palmero, Gelmert Finol, o Pedro Siemens. El mismo Pedro, tan fiel a nuestras aventuras artísticas, filmará los prolegómenos y ensayos del concierto para su posterior edición.

En resumen, un espectáculo de casi dos horas de duración que mostrará los sonidos de la vida de una leyenda de la música popular de Canarias en una sinopsis en un compendio de voces, melodías e instrumentos venidos de todos los rincones de Archipiélago para homenajear al padre del timple. Es una suerte, un regalo el que me da la vida revolviendo el caldero de este guiso y son muchas las horas que hemos dedicado a todos los detalles que rodean a esta producción. Intuyo que merecerá la pena, que será una noche inolvidable.


Fotografía de Pedro Siemens. Auditorio "Alfredo Kraus". Sala de Cámara. Las Palmas de Gran Canaria. Diciembre 2008

25 de Diciembre 2008

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La producción la diseñamos hace meses con Carlos Oramas, Olga, Braulio y el mismo Totoyo, que gustaba de recuperar algunas de sus piezas de antaño. Carlos ha desarrollado un trabajo -junto a los chicos de la banda, especialmente Germán López- muy paciente, entendiendo a su Maestro, cuidándolo en todo momento. Totoyo tiene 73 años pero aún se conserva en forma; quiero decir que toca y que lo sigue haciendo muy bien, extraordinariamente bien si tomamos en cuenta su edad.

Con Carlos sólo hemos podido trabajar en alguna contada ocasión en los últimos tres años, aunque siempre ha sido un placer. Hace un año montamos en acústico un pequeño repertorio con mis canciones y una pequeña banda donde él mismo aportaba sonoridades singulares a través de algunos instrumentos de cuerda antiguos. El que más me gusta, por su elegante sonoridad, es una guitarra romántica, de caja muy pequeña y con sabor de cuerdas de animal.

Cuando abordamos el proyecto, decidimos apostar por una propuesta de directo que estuviera en consonancia con el prestigio de Millares y con una revisión antológica de su obra. El concierto, lógicamente basado en el timple de Totoyo y en su repertorio histórico -con el que han aprendido a tocar numerosos aficionados de nuestro instrumento más señero-, necesitaba de un contrapeso estético y tímbrico para que no fuese lineal.

Pensamos entonces en combinar las piezas instrumentales más populares del timple con piezas, vocales fundamentalmente y entresacadas de la tradición etnomusical de Canarias, que sirvieran como pequeños puentes musicales. Totoyo bebió en los años 50 y 60 de esas mismas fuentes, provenientes de la tradición musical rural de todas las Islas del Archipiélago. Recogió tambiñen algunas melodías y canciones en pesquisas que llevó a cabo en algunas de las Islas. Todo eso para desarrollar versiones con su instrumento, así que se trataba de añadir pequeños tesoros folclóricos muy poco conocidos o desconocidos para el público que emgancharan con ese instinto de busqueda de nuestro timplista.

Son pequeñas piezas provenientes de nuestro archivo de recolecciones de campo, especialmente las que hicimos en Fuerteventura en los años 80, y otras entresacadas de la labor de Lothar Siemens, publicada en parte en un disco que acompaña al libro que da cuenta de su tesis doctoral (Canciones de trabajo de Gran Canaria)y que debería ser un referente obligado, no sólo para cualquier estudiante de musicología europeo, sino para cualquier músico amante de las músicas de raíz.

Cantos de arar, de arriero, cantos de tomateras o romances tradicionales que se utilizaban en las labores agrícolas y otras melodías ancestrales que se interpretarán a viva voz, con la desnudez con la que fueron recogidas de labios de ancianos informantes, se darán la mano con piezas del virtuosismo instrumentístico de mi viejo Maestro. Muchas de estas últimas no han sido interpretadas en directo por Totoyo desde hace tres decenios como el Pericón, el Vals canario o las Folías dedicadas a su amigo Casimiro Camacho.

Los temas clásicos de su repertorio, Folías, Malagueñas, su famosa Mazurca o su popular Polca majorera no faltarán tampoco en la noche de su homenaje interpretadas por él mismo y la banda que lo acompaña desde hace dos años, formada por el timplista Germán López, el contrabajista Marco Valero, el percusionista Gilberto Noriega y el propio Oramas.

También se interpretarán algunos de los temas que grabó Totoyo junto al desaparecido Jose Antonio Ramos y Oramas en "Las manos del maestro". Es evidente que durante algunos momentos del concierto se hará presente la ausencia de Jose, que había confirmado su participación antes de que se produjera su óbito.

Cuando nos planteamos invitar a músicos de otros lugares, yo tenía claro que habría que buscar a gente muy cómplice y sólida en cuanto a sus pretacioens como instrumentistas. Gente que aportara una tímbrica instrumental que pudiera "casar" con los sonidos del timple. Los discos de Totoyo hablan de su extraña singularidad: todos los instrumentos que contienen los grabó el mismo en diferentes pistas, así que esta es una ocasión especial, porque va a poder trabajar con músicos de otras latitudes.

A la banda-base de Millares se les unirán una prestigiosa lista de instrumentistas de la escena folk ibérica. El gallego Roi Casal, integrante de Milladoiro, se sumará al espectáculo y al repertorio de Totoyo con el arpa celta, la ocarina y la zanfona. Roi ha sido educado en una disciplina que mamó de su padre y es un músico con el que siempre me ha petecido trabajar en directo. Lo hizo en estudio grabando una ocarina en "Ramito de violetas", cuando hicimos "Canciones del Sur". Javier Palancar, considerado el mejor acordeonista español del género vendrá acompañado de su amigo y colega Jose Ramón Jiménez, clarinete, saxofonista y flautista de algunos de los combos folk más potentes de la escena madrileña, el grupo "La Bruja gata, con quien Olga ha grabado alguna canción para sus discos. A Joserra le encargué para la edición discográfica de la segunda parte del musical "Querido Néstor" una versión "klezmer" de una popular canción canaria de parranda canaria, el "Somos costeros". Fue, me parece, alucínate lo que hizo.

El portugués Luis Guerreiro, que dejó tan buen sabor de boca con su guitarra portuguesa en el último espectáculo de boleros de Olga, conoció al Maestro durante una grabación televisiva en Agüimes y quiso sumarse al homenaje para interpretar un punteo a dúo de folías con su instrumento y el timple.


Foto de autor anónimo. Finales de la década de los 50. Academía de timple de Totoyo

25 de Diciembre 2008

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El pasado 29 de Noviembre estrenábamos en Las Palmas de Gran Canaria, nuestra ciudad, el espectáculo "Romántico", y presentábamos las canciones del nuevo disco. La sala sinfónica del Auditorio "Alfredo Kraus" ha acogido algunas de nuestras presentaciones en Canarias. Es un edificio, el proyectado por Oscar Tusquet, que ha ido adquiriendo una consistencia cada vez más sólida en el tejido urbano de esa parte de la ciudad.

Hace menos de veinte años esa esquina de mar que cierra el mapa de calles de Las Palmas por el Norte era un lugar solo apto para la chiquillería del barrio de Guanarteme, acostumbrada a los callaos y la marea destemplada. El viejo olor de las factorías de pescado reinaba sobre el lugar hasta que se levantó el Auditorio, por lo que los recuerdos de infancia de la gente de nuestra generación van casi siempre acompañados de aquella presencia, que nos provocaba cuando tocaba ir de excursión al Norte de la Isla para terminar almorzando en Agaete.

El encastillado Auditorio es, así, un continuo refugio de presencias artísticas locales e internacionales en estos últimos once años. Allí, siempre que hemos tenido algo que celebrar cuando estamos en la Isla, se nos acoge con respeto. En esta ocasión, la presencia de la Cope local era imprescindible, puesto que fueron ellos los que nos animaron hace un año a montar "Romántico", la idea que daría pie después al "Pequeño fado y otras canciones de amor". Fueron ellos los que nos contrataron y los que produjeron el espectáculo, tirando de espónsores locales. Ahí cabe un bingo, alguien que pone tubos de escape y unas cuantas empresas locales más que hablan de una vida real, ajena a los dispendios institucionales públicos donde a casi nadie le duele el dinero ni la rentabilidad social y económica de lo que se programa.

Las entradas se agotaron y había cierta expectación por ver cómo casábamos el bolero con el fado. Aquí, en casa, no es lo mismo que fuera: aunque termines tocando en París, siempre te importa el aplauso de tus paisanos. En el patio de butacas te encuentras con tu gente, con tu familia y amigos, pero sobre todo, con muchas personas, a las que no conocemos y con la que no tenemos otro vínculo que la música que hacemos, que llevan años asistiendo a nuestros conciertos y espectáculos. Con una fidelidad y fe -hay que decirlo- que nos emociona a propósito del dicho de que nadie es profeta en su tierra.

La verdadera protagonista de la noche fue Olga. Yo había vivido el nacimiento de este espectáculo desde fuera, cuando nos tocó hacer la gira peninsular en otoño del año pasado. Disfruté ideando el desarrollo escénico del concierto y buscando las imágenes que despues se proyectaban aconpañando a las canciones. Fueron ás de una veintena de actuaciones en las que Olga nos robaba el corazón a todos en cada una de las ciudades donde desembarcamos. A mí, también; después de tantos años de andar juntos cantando, verla desde fuera fue disfrutar de toda su dimensión como artista, como cantante "atlántica". Pero, lógicamente, mi visión está influenciada por tantos años de comunión juntos.

En Las Palmas, acompañando yo a la guitarra a Pancho Delgado -un prodigio de ser humano y de conocimientos bolerísticos-, a Marco Valero -que se curó la gripe de la indolencia de algunos músicos insulares viajando y estudiando fuera- y a Luis Guerreiro, un guitarrista portugués que robó aplausos por su virtuosismo, mi experiencia fue distinta. Dentro, en una sala de más de 1.500 personas, la percepción de lo que ocurre está tamizada por muchas distancias, sonoras y luminotécnicas.

Lo cierto es que crítica y público fueron muy generosos y Olga, para hacerme el gusto y después de escupirnos a la cara del dolor todos los boleros que le caben en la garganta, terminó cantando -en español y portugués- un fado de Manuel de Almeida que siempre soñé que habían sido escrito para ella.

Yo la volví a ver de espaldas, como en los veinte años que ya andamos juntos. No es lo mismo; así sólo me llega el eco de lo que devuelve el público, que se guarda lo que ella les da. Fue la noche de Olga con la gente de su ciudad. No podía ser de otra forma. Lo saben quienes estuvieron allí.


Foto de Miriam Cejas. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria. 29 de Noviembre de 2008.

25 de Diciembre 2008

Les debo unas disculpas a los lectores del blog, pero entre las presentación del espectáculo "Romántico" en Las Palmas, viajes entre Madrid y la Isla y el homenaje a Totoyo, no he tenido tiempo ni tranquilidad para alimentarlo con nuevos artículos. Voy a procurar enmendarme en estos próximos días y lo quiero hacer hablando del génesis del concierto-homenaje que, entre varios amigos, hemos puesto en marcha en torno a la figura del que fuera nuestro maestro de timple.

fotos. Canarias. Enero. 2006 022.jpg

El concierto de Totoyo, que fue un encargo con el que nos interesó la gente del Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas, era inicialmente una propuesta hecha en torno a Jose Antonio Ramos que hicimos conjuntamente con Braulio Pérez y la gente de Tribalia Producciones, amigos también de Jose. Nos hacía ilusión idear una producción que insistiera en la singularidad de la propuesta creativa de Jose Antonio, a través de una grabación de un DVD y un disco con figuras locales, nacionales e internacionales con las que Jose hubiera colaborado -y no eran pocas- o estuvieran en su ámbito estético. Que eso sucediera en nuestra ciudad natal, tal como ocurrió con el disco "K" de Kepa Junquera en Bilbao, nos parecía una aventura excitante y nada casual.

El proyecto venía de lejos -al menos dos años-, pero en verdad no fue el desgraciado fallecimiento de Jose Antonio lo que truncó el proyecto: en enero del año que termina Jose decidió posponer su participación porque nos comentó que andaba enredado con otros proyectos. Yo pensé entonces que no debíamos despreciar la posibilidad de producción que nos brindaba el Auditorio "Alfredo Kraus" y que a Totoyo, que volvía a tener la oportunidad de que le fuese concedido el Premio Canarias de cultura popular al que ya había estado propuesto hacía dos años, le vendría bien el apoyo psicológico, mediático y económico que sigificaría la organización del evento.

Es una costumbre que los programadores del coliseo capitalino llevan manteniendo desde hace casi una década con notable éxito en cada una de sus convocatorias -este evento anual ha permitido que los más prestigiosos músicos populares isleños expongan sus propuestas creativas con una dimensión de producción no habitual y en un marco escénico singular-. Ha sido una propuesta que se ideó cuando Tato Bethencourt era el responsable de programación de ese espacio y ha continuado después. Llama la atención porque, en general, los programadores de espacios escénicos -por supuesto los canarios- son de una obviedad evidente. Desde luego, esa iniciativa es única, por su continuidad anual y por sus capacidades presupuestarias. Esperemos que continue.

El vínculo entre Totoyo y nosotros -especialmente el mío con él- ha sido siempre muy importante para mí. Totoyo me inoculó la pasión por la música tradicional de Canarias gracias a las clases que recibí de él cuando yo era un adolescente. Entrar en su academia de la calle Triana era una experiencia casi mística a propósito de aquellos "altares" paganos donde se reunían todo el Olimpo folclórico de Canarias en ajadas fotos colgadas de la pared. Quiero recuperar un artículo que escribí hace años sobre mi vínculo con mi viejo Maestro y que títulé "Las manos del Maestro". Jose Antonio -andábamos varios exalumnos (Jose Sanabria, Carlos Oramas, él mismo y yo) intentando ayudar al viejo- , me pidió el título, un texto para ese hermoso disco que construyeron a seis manos él, Carlos Oramas y Totoyo. Hicieron su presentación pública en el Teatro Cuyás de Las Palmas y le diseñé a Jose un espacio escénico y un concepto de espectáculo que, creo, les gustó a todos ellos y al público que llenó el recinto. Aunque bien es verdad que lo que habían construido en aquel disco era tan potente que no necesitaba de más acompañamiento que sus sobrados talentos.

En verdad, la historia empieza más atrás: un par de años antes de que ocurriera todo eso, Pepe Sanabria había preparado, a través de una Mancomunidad de Municipios de Gran Canaria de la que es gerente, una serie de conciertos y cursos para animar a Totoyo a volver a la presencia pública. Después, con Mestisay, lo invitamos al espectáculo de "Toda una vida" para que tocara una folías que cantó Olga. Fue un momento mágico vernos juntos tocando junto a Jose, a Carlos y a Totoyo, cuando ya Jose Antonio ya les había enredado en el pensamiento del disco que después hicieron juntos. Es el video de los que nos han colgado en Youtube, que ha recibido más visitas de todos los nuestros y no deja de ser comprensible porque hay un retrato verdadero del milagro de hacer música en aquella grabación. Después Jose Antonio se embarcó, con la pasión y el instinto talentoso con el que hacía todo, en "Las manos del Maestro", que tuvo un éxito más que notable allí donde se representó.

Pero recupero aquel artículo publicado en la prensa local, en el que entonces escribí lo siguiente:

Todavía me duelen los coscorrones del maestro, golpeando con el puño cerrado, sobre mi cabeza, como si fuera un tambor. "Pon el Re en el mismo traste, el segundo...! ¡Noooo, el segundo, coño! ¡Quita ese dedo de ahí!" A veces venía de mal humor, con barba de tres días, desarrmado por la vida, pero yo lo admiraba y me quedaba callado esperando a que afinara mi timple. El suyo estaba siempre como un requinto, bien afinadito. Sólo bastaba que el maestro lo cogiera para que cantara vida. Era un instrumento hermoso, con incrustaciones de nácar y muescas de madera negra incrustada en la de palosanto de la caja. Sus cuerdas sonaban cristalinas, puras, casi virginales cuando Totoyo las arpegiaba. Mi timple era un cacharro porque papá, cuando le pedí que me pagara las clases, me compró un timple malo, de esos de nogal que hacía el maestro Alemán en su taller de Santa Brígida: -"Si te cansas de ir a clase, no habremos perdido mucho y regalamos el timple a alguno de tus primos".

Me gustaba oler los instrumentos por dentro, metiendo la nariz por sus bocas. Cuando Totoyo se iba un momento a atender alguna visita y hacíamos un descanso en la clase, aprovechaba para coger su timple y olerlo. Sabía a barrica, a edulcorados aceites, a rosas silvestres de esas que crecían entre zarzales a la orilla de las serventías; a madera noble y humedad de tierra roja empapada de rocío mañanero.

La academia de Triana tenía las paredes llenas de fotos del Maestro con grupos de niños y niñas a los que había dado clase en las Dominicas: todos uniformaditos, con el alma inocente resplandeciendo en sus caras, aferrando en sus manos los instrumentos guardados en los forros de eskay -verdes, o morados- que vendía Chano en su tienda de la calle Perdomo. También había fotos de Totoyo con personalidades: una, abrazando a un hombre vestido de ruso con una balalaika y otros muchos rusos detrás aplaudiendo; otra, con un señor de pelo blanco, muy blanco y largo, que se parecía al Dios que salía dibujado en el "Amiguitos" del párvulos. Años más tarde me enteré que aquel hombre era Rafael Alberti. Y muchas más fotos.

Sin embargo, el encanto de aquel lugar estaba guardado en las manos del Maestro, que se movían inquisidoras, tensas, partiendo el aire en mitad de una conversación telefónica y que, al momento, al volver al timple, se transformaban en amantes, solícitas y embaucadoras manos. Totoyo Millares reinventó el timple; quiero decir que le dio alma, que lo convirtió en voz, en protagonista. Antes de él había sido un ruidoso acompañante de la parranda, de la Fiesta canaria. Millares logró arrancarle heridas cuando punteaba el arrorró; le dio vida al verso de una copla famosa -"toquen vivito, vivito..."- con sus rasgueos de isa y lo enseñoreó en el aire de una folía.

Ha vivido Totoyo en busca de un sueño, aunque él mismo no se diera ni cuenta. Rodeado de camisas de popelín y chaquetas de basta estameña, buscaba al "buen salvaje" de los canarios: un boyero que hería la tierra detrás de una vaca que respondía al nombre de "Mariposa" o "Manzana"; un pastor que adivinaba el nombre de sus cabras con sólo oír las cencerras bajando por el monte; una hilandera que daba vueltas y más vueltas en su telar de tea vieja a la humilde miseria de los que nada tenían salvo sus manos.

Lo hizo por convicción, por genes, extraños genes que habitan entre los de su tribu, lo que aún viven y los que se fueron. En apariencia lo tuvo fácil, creciendo entre hermanos que pintaban, rimaban palabras en busca de la Verdad, a la sombra de un padre que pagó con el silencio su espíritu liberal y de una madre que tocaba sonatas de Chopín en un desvencijado piano de pared. Pero en realidad, lo tuvo difícil, enemigo de si mismo y de las convenciones sociales, encerrado en un mundo de siete cuerdas que aplacaba su carácter cambiante de sombras y luces.

Y vuelven a mí las imágenes y los sonidos que aún habitan en la vieja academia de Triana, donde tantos niños - hoy algunos de ellos consumados intérpretes- se iniciaron en la modesta pasión de acoger un timple entre sus manos. Una pasión que incitaba el Maestro, Totoyo Millares, entre coscorrones y pacientes consejos.

<small>Foto de Miriam Cejas. Con el cantante Jose Manuel Ramos, Totoyo y Nay en la Plaza de La Candelaria. Santa Cruz de Tenerife (Octubre 2006).