La historia comenzó de esta manera: en el verano de 2007, sentados a la sombra de un terrazo que daba al mar, en la costa gomera de Hermigua, recibimos una llamada de Angel Herrrero, amigo y ejecutivo de la Cope, ofreciéndonos la posibilidad de realizar una gira por veinte teatros y auditorios españoles en unas condiciones muy cómodas para nosotros. La única regla que debíamos observar era la de organizar un repertorio que girara en torno al bolero y la canción popular romántica en español.
Con Olga habíamos tenido una experiencia parecida, doce o quince años atrás, cuando montamos para ella un pequeño espectáculo que titulamos "Siempre" y para el que contamos con tres músicos de boleros criados en el antiguo ambiente de aquellas maneras musicales dirigidos por el incombustible Kelo Montesdeoca. Fue un pequeño divertimento, que funcionó muy bien aunque que no quisimos hacerlo circular más allá de unas pocas presentaciones al público de la Isla por mor de que aquel género nos encasillara en un momento en el que comenzábamos a defender nuestro propio repertorio.
Nuestra ciudad, que acoge en las orillas de su mar a una espléndida bahía y una playa de ensueño, Las Canteras, había sido en la modestia de su posguerra una caja de música para todas aquellas canciones latinoamericanas, muchas de ellas bandas sonoras de películas en blanco y negro que llegaban a las pantallas de la Isla o que viajaban como ediciones discográficas en las maletas de los marinos mercantes y de los emigrados isleños. Como todo lo latino, tuvieron un inmediato eco en los gustos de los cancioneros populares de los canarios y en los cabarets y terrazas de la playa que transitaban naturales del país y turistas extranjeros, llamados chonis en el argot de la tierra.
Le apetecía a Olga, después de la breve experiencia de años atrás, acercarse nuevamente a aquel cancionero. Además estábamos de acuerdo en que su voz, texturada por la experiencia del tiempo, podía adaptarse a aquel repertorio sin que pareciese una impostura. Y me rondaba por la cabeza una idea que aún no sabíamos concretar: me parecía que podía engarzarse el género de los boleros con la sonoridad de los fados. Intuíamos las similitudes estéticas -especialmente en sus orígenes- de ambas músicas populares; pero la gira que nos habían encargado era lo más inmediato y no disponíamos de tiempo para desarrollar aquel concepto, que necesitaba de maceración creativa. Decidimos, por practicidad en la producción y por presupuestos, irnos a una fórmula habitual entre los boleristas, la de un trío en acústico -requinto, guitarra y bajo- que acompañara a Olga.
Ideé para el espectáculo un diseño escenográfico muy básico, hecho con un juego de ciclorama y telones que marcarían una guía de color al iluminarlos desde atrás, tarimas en forma de corredor para los músicos delante de ella -buscando una horizontalidad que se fugara entre bambalinas-, unas lámparas de metal que colgaran sobre los intérpretes y una pequeña pantalla a modo de pared de luz que nos construyeron ex profeso y que iba a ilustrar, a través de fotos y postales de nuestro archivo y de fotógrafos como Miriam Cejas o Enrique Nácher, las canciones que se interpretaran. Se trataba de construir un espacio moderno - lleno de aire y que fuese recreado con cierta facilidad en todos los teatros donde debíamos presentarlo- para un repertorio con mucho peso histórico, con muchos años. La escenografía fue idealmente iluminada por el talento de nuestro luminotécnico de siempre, Jose María Jerez, y de las proyecciones en gira se encargó Antonio Montesdeoca.
A continuación, como si fuese un renglón escrito por el Destino, tuvimos la suerte de que apareciese en nuestras vidas Pancho Delgado a través de un amigo común, el cantante Jose Manuel Ramos. Pancho, natural de la playa de Los Cristianos, al Sur de Tenerife, es un compositor e intérprete autodidacta con unas condiciones musicales innatas para todo tipo de instrumentos de cuerda. Y un músico muy disciplinado, cosa poco habitual en estas latitudes. Después de una meritoria prueba, ya que nunca lo habíamos visto tocar, Pancho -que se encargaría de hacer los arreglos musicales y tocar el requinto en la gira- se dispuso a preparar el repertorio que le indicamos junto a dos pulcros y jóvenes músicos de su entorno, naturales de La Palma, el guitarrista Josué Neris y el bajista Jesús Morales.
Con el título de "Romántico", en invierno del 2007, comenzamos los conciertos. Fue una experiencia vital y profesional extraordinaria que iniciamos en un añejo teatro granadino, el Isabel la Católica, y que culminamos en el Teatro Principal de Alicante. En casi dos meses visitamos espacios escénicos históricos o contemporáneos de diversas dimensiones y arquitecturas: desde pequeños y coquetos recintos hasta nobles salas sinfónicas de auditorios. Además, disfrutábamos de las excelencias gastronómicas de los lugares a donde íbamos gracias a la amabilidad de los directores provinciales de la Cope en las capitales que pisamos; afortunadamente, la producción era recibida con excelentes críticas al concierto y por públicos y aplausos agradecidos.
El cineasta Pedro Siemens, en un pequeño documental que acompaña a otros materiales audiovisuales que se incluyen en este DVD, aporta una visión, creo que objetiva, del ambiente y el color de aquella gira. Pero, sobre todo, aquella experiencia en directo nos permitió madurar la idea de un disco que fuese fiel reflejo de nuestro pálpito inicial. Olga abordó los conciertos con una plenitud vocal sin fisuras, poniendo al servicio de aquellas canciones toda una madurez de vida y escenarios que me sigue impresionando a pesar de los años que llevamos juntos. Cuando meses después llegará la hora de grabar aquellas canciones en estudio, ella ya disponía de un adn propio para recrear en estudio aquel sentimiento de canto, perfectamente construido en la forma de "decir" todas aquellas canciones de eco eterno.
Sólo faltaba rematar la faena con un registro discográfico singular, pero para eso había que abordar la idea de unir el bolero con los sonidos del fado. Así, apareció otro de nuestros grandes hallazgos, que fue el encontrarnos con el guitarrista portugués Bernardo Couto. Nos lo recomendó Julio Pereira, sabedor de que el mundo del fado y sus intérpretes tienen algo de hermético y ortodoxo, extremo que no nos ayudaría en el experimento que deseábamos desarrollar. Pero Bernardo, que acompaña habitualmente a todas las grandes divas del fado contemporáneo a lo largo de escenarios de todo mundo, no tiene complejos de género.
En Junio del 2008 vino hasta Gran Canaria desde Lisboa y en el coqueto estudio de Gustavo Sánchez en Vecindario, La Rampa, dimensionó la idea que teníamos de una forma magistral. Antes de la llegada del músico luso, Pancho había grabado todas las bases de guitarra, acompañándose al bajo por Marcos Valero, un músico de elegante registro en sus digitaciones, natural del Risco de San Nicolás, que había estudiado en el Taller de Musics de Barcelona. Couto solo tuvo que guiarse por unos patrones armónicos que le escribió el propio Pancho para construir idealmente, con su guitarra portuguesa, una identidad de discurso musical que dialogara con los boleros elegidos para la grabación.
Las canciones que al final elegimos se dejaron atrapar ellas solas: estaban en la memoria y el gusto de Olga o las habíamos disfrutado desde hace años, como tesoros de nuestra discoteca, en afortunadas versiones de Chelo Silva, Oscar Santana, Omara Portuondo o Bola de Nieve. Además, el contacto diario con el estudio y con aquellas canciones me alumbró un tema, "Pequeño fado", que escribí junto a la playa de Las Canteras -uno de los lugares donde el bolero se había encontrado con la complicidad isleña- y que pretendía ser una declaración de intenciones de aquel maridaje que nos proponía el disco, al que al final quisimos poner el título de "Pequeño fado y otras canciones de amor". En otoño terminamos la masterización de la grabación en las afueras de Madrid, en los históricos estudios Sonoland.
De todo ese proceso salió el sonido que buscábamos, el que habíamos soñado tantos años atrás. Al final nos sentíamos satisfechos porque creíamos que habíamos logrado asustar al riesgo de hacer un disco de género, convencional, un peligro nada extraño cuando se aborda un repertorio tan visitado, tan versionado como el del bolero. El medio centenar de conciertos fuera y dentro de nuestras fronteras que realizamos después de la salida del disco, corroboraron, por la respuesta del público, la impresión de que no anduvimos desacertados.
La campaña de salida de la edición discográfica, autoproducida por nosotros mismos, fue acompañado por un diseño muy cuidado realizado por el diseñador gráfico Jose Luis de Hijes, que recogía algunas de las proyecciones del directo, y por un video promocional realizado por el talentoso Pedro Ruiz en las abandonadas dependencias del viejo hospital de San Martín, en Las Palmas de Gran Canaria, y en el barrio lisboeta del Chiado. Estás últimas imágenes fueron grabadas por Tiago Pereira y Pedro Siemens.
Para llevar al directo aquel disco teníamos que resolver algunos problemas de logística: se hacía complicado contar con Bernardo con la regularidad necesaria porque era continuamente requerido por las mejores fadistas de Portugal para sus giras. Él mismo nos recomendó a otro talentoso intérprete, Luis Guerreiro, y algunas veces contaríamos con él, aunque tampoco nos podía garantizar la disponibilidad que necesitábamos para responder a todas las actuaciones con la misma formación y, de esta manera, afianzar el sonido en directo de nuestra propuesta. Pancho, en tan sólo cuatro meses y después de que adquiriéramos una guitarra portuguesa en Lisboa, obró el milagro de tocar un instrumento de tan difícil ejecución con un desparpajo que nos dejó a todos sin palabras.
Sólo necesitábamos un guitarrista con un sonido y una ejecución atípicas. Carlos Oramas, también antiguo alumno de Totoyo Millares, profesor de Conservatorio y especialista en música antigua, vino hasta nosotros con su guitarra romántica. Siempre habíamos deseado trabajar con Carlos, sin duda el mejor guitarrista de Canarias y uno de los mejores de España, pero no habíamos encontrado oportunidad para ello. Su extraordinario instinto musical y su cálido sonido, modulado a la par entre el gusto por las músicas de la calle y el repertorio clásico, cerró idealmente la dimensión interpretativa que deseábamos.
Nos faltaba recoger el espíritu de "Romántico" en una grabación en directo cuyo sonido se encargaría de registrar nuestro sonidista y amigo David Sosa. En las Navidades del 2009 alquilamos el Pérez Galdós y, a teatro lleno, Olga, esa noche, hizo brillar al patio de butacas con una intensidad rotunda, con un aliento de deseo secreto -el que palpita detrás de cada una de estas canciones- que se respiró durante todo el concierto. Las cámaras dirigidas por Pedro Siemens grabaron aquellos instantes; Fernando Pérez se encargaría, semanas después, de editar todos esos materiales, con el cuidado profesional que le caracteriza, para emitir parte de ellos en un programa especial que nos dedicó Antena3 Canarias.
Un año después la Obra Social de la Caja de Canarias, con la generosidad con que rodea a sus acciones, ayudaría a que esta grabación audiovisual viese la luz. Una publicación que contiene, con respecto al registro discográfico, algunas nuevas canciones que hemos ido incorporando en los directos de este espectáculo.
Así que, contada esta historia de boleros vestidos de fado, solo nos queda esperar que disfruten, tanto como nosotros en estos fecundos casi tres años de gira, de la edición en directo que ahora les presentamos.














